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La Esencia de Vivir la Iluminación

9. ¿Necesitas audífonos para escuchar?

Permíteme que te explique un chiste que leí acerca de cómo leemos:

Un hombre se dio cuenta de que su esposa tenía un problema de oído. Creyó que tal vez necesitase un audífono, pero no estaba seguro de cómo decírselo. Si le dices a tu esposa que tienen un problema y necesita un audífono, ¡quién sabe lo que puede ocurrir!

Así que llamó al médico de familia para hablar de la cuestión.

El médico le dijo que había una prueba sencilla e informal que el marido podía realizar a fin de darle al médico una idea acerca de la pérdida auditiva de la esposa.

«Esto es lo que hará —dijo el médico—: permanezca a unos 12 metros de ella y hágale una pregunta con un tono de voz normal y coloquial. Observe si ella le escucha o no. De no hacerlo, acérquese más, tal vez a unos 10 metros; si ni siquiera le oye así, venga a 6 metros, y así, hasta que obtenga respuesta.»

El hombre consideró que la prueba era inofensiva y decidió llevarla a cabo.

Esa noche la mujer estaba en la cocina preparando la cena y él en el umbral de la puerta. El marido se dijo a sí mismo: «Estoy a unos 10 metros de distancia. Vamos a ver qué sucede». Luego, en torno normal, preguntó: «Cariño, ¿qué hay de cena?».

No hubo respuesta.

A continuación entró en el comedor, donde se hallaba a unos 6 metros de su mujer, y preguntó: «Cariño, ¿qué hay de cena?».

Tampoco hubo respuesta.

Así que se acercó a la puerta de la cocina, a unos 3 metros de distancia y preguntó: «Cariño, ¿qué hay de cena?».

Tampoco hubo respuesta.

Se acercó hasta justo detrás de la mujer y le preguntó en voz alta: «CARIÑO, ¿QUÉ HAY DE CENA?».

La esposa se volvió y le gritó: «Te lo digo por QUINTA VEZ: ¡¡¡PASTA!!!».

¡Ya ves quién era el que necesitaba audífono!

¡Y nos pasamos la vida creyendo que los demás nunca nos escuchan!

Te digo que si tienes dificultades auditivas, necesitas autenticidad.

La autenticidad es tu audífono. Cuando aportas autenticidad empiezas a escuchar, escuchar, escuchar.

Siempre creemos que los demás nunca nos escuchan.

La verdad es que somos nosotros los que no escuchamos.