Las palabras son la unidad de preocupación
Todas las preocupaciones no son más que una colección de palabras en los idiomas que conocemos. Y provocan en nosotros mucha confusión y malentendidos. ¿Qué podemos hacer? Las palabras son la única forma de comunicación con la que el ser humano está familiarizado.
Siempre le digo a la gente: cuando digo algo lo entendéis como si hubiera dicho otra cosa. Y ahí es donde empieza el problema. Cada uno de nosotros lleva su propio diccionario e interpreta las palabras a su manera.
Una anécdota:
Un hombre le dijo a su esposa: «Se dice que para fabricar pinceles utilizan unos 5.000 camellos al año».
La esposa contestó: «¡Oh, Dios mío! ¿No es asombroso lo que llegan a conseguir que los animales hagan?».
El marido dijo algo y su esposa lo entendió de otra manera. Así es como nos relacionamos la mayoría. Por eso digo que las palabras provocan confusión. Por desgracia, son la única forma de comunicación conocida por el ser humano. Queda atrapado en palabras y más palabras.
Pues ya lo ves, las palabras siempre dan paso a más palabras. Pero hay un silencio o una brecha entre una palabra y la siguiente, un pequeño espacio imperceptible para nosotros. ¡Ese es el espacio del que debemos hacernos consciente! Ese es el espacio que contiene lo que hemos estado buscando.
Ese espacio, esa brecha, es tan microscópica que aunque pasemos por él todo el día, somos totalmente inconscientes de su existencia. Cuando hablo la audiencia queda absorta en mis palabras. A veces dejo largos espacios entre las palabras. Los dejo para que absorbas y presencies el silencio, que contiene lo que buscas. Pero no obstante, ¿qué sucede? En el momento en que dejo espacios empiezas a ponerte nervioso. Empiezas a remover tus cosas o a mirar alrededor y hablar, ¡volviendo a las palabras!
El verdadero silencio es el que está inundado de conciencia y de nada más. No se trata de que cierres la boca.
Ahora tu mente empezará a preguntar: «¿Cómo puedo detener esta cháchara interior y los pensamientos? ¿Cómo experimentar auténtico silencio?» ¡Ese pensamiento empezará a atormentarte y se convertirá en otra preocupación!
Intenta comprender que nunca dejarás de pensar. El pensamiento de que debes dejar de pensar ¡es otro pensamiento! Si te obligas a permanecer en silencio un segundo, ese silencio no será el silencio que queremos lograr: se tratará de un silencio forzado y muerto. El silencio que queremos lograr es un silencio vibrante y dichoso, el silencio de la Existencia.
¿Qué hay que hacer, pues? Simplemente observar la mente. Eso es todo. Ser un observador. No juzgues, no te resistas a ningún pensamiento. Obsérvalo con profunda gratitud como un don de Dios. Automáticamente llegará el silencio.
Tu conciencia aumentará y hará que te centres en ti mismo, aumentando el silencio interior. Cuando digo que aumentará el silencio, quiero decir que la cháchara interior disminuirá y pasarás a ser observador. Con ese incremente del silencio también aumentará tu atención y todo ello se convertirá en un proceso cíclico.
Con mayor conciencia, con más atención, podrás disfrutar de la belleza que te rodea. No es que la belleza vaya a aparecer de repente, ¡pues siempre ha estado ahí! Pero antes no eras consciente de ella. Estabas demasiado ocupado en ti mismo. Ahora, con tu conciencia ¡podrás celebrarla! De repente, la naturaleza empezará a revelársete como algo muy hermoso. Tu ser interior se transformará y con él, ¡el mundo externo también!
Cuando aprendes a ser consciente, puedes utilizar la mente como te convenga. Se convierte en una herramienta vital a tu disposición. Puedes utilizarla cuando lo desees. De ser un enemigo peligroso se convierte en un amigo de fiar.
Disminuye el número de pensamientos por segundo
Cuando se calma la charla interior, cuando tus PPS o Pensamientos Por Segundo disminuyen aunque solo sea una décima de segundo, durante esa décima de segundo dispones de la capacidad de acceder a tu pasado y futuro ¡como un libro abierto! Cuando tu parloteo interior es intenso, tu PPS es elevado y estás todo el tiempo en el pasado o en el futuro; nunca en el presente.
Permite que te explique lo que quiero decir con poder acceder a tu pasado y futuro. A veces tal vez hayas experimentado que cuando estás escuchando una charla o en una fiesta, o en cualquier otro lugar, de repente, como caído de la nada, sientes que todo eso ya ha sucedido antes. Las voces, la conversación, el lugar, incluso algunos objetos... Todo parece una repetición de una escena que ya presenciaras antes. Estás impactado.
O, de repente piensas en una persona en particular, en un amigo del que hace tiempo que no sabes nada, y esa persona te llama por teléfono. Has sido capaz de predecir lo que iba a suceder en los instantes siguientes. Ese tipo de cosas te sacuden. Pero ten claro lo siguiente: durante esos escasos momentos te hayas, accidental y totalmente en el presente. Accidentalmente, de algún modo, caes en el presente.
Nunca estás conscientemente en el presente. Siempre estás en el pasado o el futuro. Vas del pasado al futuro sin tocar el presente. Esa es la verdad. Pero accidentalmente tus pensamientos por segundo descienden durante un instante y te ves empujado al presente.
Cuando estás totalmente en el presente, aunque solo sea durante un segundo, tu pasado y futuro se te hacen transparentes. Por eso observas que te suceden ese tipo de cosas.
Nuestro pensamiento nunca está claro. No es más que asociación, nunca pensamiento real.
Deja que te explique qué quiero decir con asociación. Te despiertas por la mañana y ves que en el jardín ha florecido una rosa. Inmediatamente tu mente recuerda a alguien que te dio una rosa en el pasado. Tu pensamiento repasa a continuación tu reacción en aquel momento ante la flor, o bien empiezas a pensar en aquella persona. Luego empiezas a pensar en incidentes que te sucedieron con esa persona. ¿Qué ocurre al final? ¡Que te estás perdiendo la rosa que tienes delante!
Así es como corres tras el pasado y te pierdes el presente. Eso es que lo quiero decir con asociación de palabras. Esa es la naturaleza de tu actual configuración mental. Mientras tu configuración mental sea la mera asociación, continuarás corriendo tras el pasado o el futuro, creando palabras y más palabras en tu interior.
Los maestros iluminados siempre viven en el presente. Por eso tienen acceso al vasto océano del pasado y el futuro. Para ti, es un accidente. Te sucede durante una décima de segundo. ¡Pero te asustas! Estás tan acostumbrado a vivir de manera inconsciente que cuando te empujan a la conciencia, te supera. ¡La realidad te supera!
Tu PPS juega un importante papel a la hora de determinar lo lejos que estás del presente. Cuando el PPS es elevado, vives inconscientemente; estás muy lejos de la realidad. Cuando tu PPS es bajo, te acercas al presente. La meditación y la atención son la manera de hacer que el PPS descienda.
La gente me dice: «Swamiji, nos fuimos de vacaciones y fue un infierno». Y yo te digo: el infierno está en ti; tú lo llevas contigo a todas partes. ¡Obviamente lo hallarás allí donde vayas! Cuando estás vivo les haces la vida imposible a los demás. ¡Cuando mueres, te vas al infierno! Vayas donde vayas, te quieres llevar tu infierno contigo. Estás tan acostumbrado al infierno que incluso si te envían al cielo, ¡te sientes desplazado!
Una anécdota:
Tres pescaderas fueron a vender pescado un día y al regresar a casa se hizo de noche.
Decidieron pasar la noche en alguna casa por el camino.
Entraron en casa de una señora que vendía flores de jazmín para ganarse la vida y le pidieron que les dejase pasar la noche allí.
La mujer estuvo de acuerdo y las pescaderas fueron a dormir en la habitación que les dejaran.
La casa estaba llena de la fragancia de las flores de bambú.
Pero por mucho que lo intentaron, las pescaderas no pudieron dormir.
Daban vueltas y vueltas y no sabían qué hacer.
De repente, una de ellas se levantó, acercó la cesta del pescado vacía y la mantuvo junto a sus cabezas. ¡Se quedaron dormidas enseguida!
Llevamos nuestras preocupaciones con nosotros allá donde vamos y ¡nos sentimos cómodos alimentándolas! ¡Pero también nos quejamos de que siempre estamos preocupados! Queremos librarnos de algo pero no estamos dispuestos a transformarnos y liberarnos de ello. A eso es a lo que me refiero con lo de ser autocontradictorio. Si no queremos preocuparnos, entonces no debemos hacerlo. Por una parte no queremos preocuparnos pero por otra ¡no queremos dejar de hacerlo!