¡Permanece atento, sé dichoso!
Cuando le cuento esas cosas a la gente, me dicen: «Swamiji, entiendo lo que dice pero no puedo superarlo». Y yo digo: «Permite que mis palabras penetren en ti y creen un nuevo espacio; con eso basta». Ahí es donde la meditación puede ayudar. Lo que hago en mis retiros de meditación es ofrecerte la comprensión intelectual y luego trabajar en ella penetrándote a través de la meditación.
Pero la gente me dice: «Swamiji, tenemos que hacer nuestro trabajo, pagar las facturas, plazos que cumplir... ¿Cómo podemos meditar?». Y respondo con una simple técnica de meditación: seguro que si tienes tiempo para pagar tus facturas o cumplir los plazos, también lo tienes para respirar, ¿verdad? De otro modo, ¡no estarías vivo! Ahora bien, lo único que has de hacer es añadir atención a tu respiración, eso es todo. Eso es la meditación. Solo observar la respiración. Esa es la meditación más sencilla y potente que puedes practicar.
Cada vez que recuerdes esta técnica, practícala. No tardará en convertirse en un hábito. Cuando insuflas atención a tu respiración estás en el momento presente. Vivir en el presente te conduce a la dicha. El poder del AHORA es el camino directo a la dicha. Solo has de añadir atención a cada inspiración y expiración.
Para alcanzar la dicha no necesitas ningún tiempo aparte. No necesitas tomarte tiempo libre ni acudir a ningún retiro o campamento de meditación. Puedes continuar con tu actividad diaria. Con el aumento de atención que estarás creando, alcanzarás tus plazos y otros objetivos con más eficiencia.
La meditación no es más que un cambio en tu conciencia. Es un «cambio de energía» en tu ser. No es sentarse en un rincón, con las piernas cruzadas y la espalda derecha, intentando controlar la mente. Si apuntas en esa dirección, ¡acabarás con dolor de cuello y lumbago! Tendrás una preocupación más: que no puedes sentarte y meditar.
Todo lo que has de hacer es intentar vivir en el presente, aquí y ahora. Cuando estás en el presente te sintonizas con la Existencia. Cuando estás en el presente, la propia Existencia se encarga de enseñarte.
La Existencia es el Maestro más grande. Eso es lo que quieren decir cuando afirman que la vida es un gran maestro. Cuando no te das cuenta, te cuesta lo tuyo aprender. Aprendes con muchas vidas. Cuando te cuesta lo tuyo aprender, la vida te propina algunas sacudidas ¡para que despiertes y aprendas más deprisa!
Pero no haces más que correr tras el pasado con pesar o tras el futuro con ansiedad. Destruyes el presente por completo mediante ese patrón. Lo que sucede es que en realidad nunca has actuado de manera adecuada, simplemente «reaccionas» basándote en el pesar de tu pasado o la ansiedad del futuro. Cuando reaccionas, no estás utilizando todo tu potencial. Estás simplemente comportándote como un robot programado; funcionas a partir de la lógica ciega, no de la atención o la inteligencia.
El 80% de tu energía está encerrada en el pasado y el futuro. Solo tienes el 20% disponible en el presente. Por eso te sientes abotargado y falto de energía. Con más conciencia, la situación puede dar la vuelta y vivir tu vida en un plano superior, ¡dichoso, alegre, apasionado!
P: ¿Está entonces diciendo que basta con observar nuestra respiración para alcanzar la dicha?
Sí, es una técnica muy potente. Verás, cuando observas la respiración, tu conciencia es intensa y ningún pensamiento puede escaparse inconscientemente. Cuando todos los pensamientos empiecen a pasar a través de tu conciencia, de tu atención, automáticamente no crearás pensamientos negativos.
Para corregir los pensamientos no has de invertir tiempo; la conciencia lo hará por ti. Tu sistema de pensamiento se reestructurará de manera automática. El poder de la atención es tal que transforma tu sistema de pensamiento en energía positiva.
Integra tus pensamientos, palabras y acciones
En realidad, nos han formado para pensar que solo si trabajamos y experimentamos algún tipo de dolor, seremos dignos de la felicidad. Así que corremos hasta que nos duele; corremos hasta que nos damos contra un muro. Estamos tan acostumbrados al concepto del muro que aunque nos digan que no hay ninguno, que no hay límites, no acabamos de creérnoslo. Corremos y de alguna manera nos damos contra un muro y nos duele. Entonces paramos, satisfechos por haber sentido dolor. Siempre sentimos que hemos de sentir ansiedad y preocupación para ser dignos de ser premiados.
Hay otras personas que crean preocupaciones para sí mismas ¡y luego beben para olvidarlas! Se trata de algo muy común en la actualidad. Es algo así: un cerdo no puede soportar el hedor de su hábitat natural, así que hunde su morro dentro para escapar de ello. Crees que bebiendo vences todas tus preocupaciones, cuando en realidad no haces sino sumergirte de cabeza en ellas.
Queremos algo pero nos esforzamos en crear algo totalmente opuesto. Eso es lo que quiero decir cuando me refiero a que deberías integrar tus pensamientos, palabras y acciones, de otro modo crearás resultados contradictorios en tu vida.
Una anécdota:
Un visitante inesperado llegó a la casa de un hombre.
El hombre le gritó a su esposa, que estaba en la cocina, que trajese café para el visitante.
La esposa gritó a su vez que no había café en casa y que tampoco había dinero para comprarlo.
El esposo se enfadó y empezó a reñir a su mujer, dándole un tortazo por no ser capaz de servir café.
La mujer empezó a llorar.
El visitante vio lo que sucedía y se puso en pie lentamente, desapareciendo.
La esposa se enjuagó las lágrimas y le dijo en tono triunfante al marido: «¿Has visto? ¡He fingido que lloraba y así se ha ido!».
El marido contestó: «¡Bien! Yo he fingido estar enfadado contigo y hacerte llorar!».
El visitante se unió a la conversación: «¡Pues yo fingí que me iba y ahora he regresado!».
Nuestros pensamientos son distintos de nuestras palabras, nuestras palabras difieren de nuestros actos, así que ¡continuamente le estamos abriendo las puertas de nuestra vida a lo contradictorio! Ramakrishna Paramahamsa dijo: «Unificar nuestros pensamientos y palabras es como hacer penitencia». ¿Y entonces, qué hacemos? Pues editamos nuestros pensamientos y los expresamos como palabras. Hay mucho cálculo implícito antes de que las palabras salgan. Calculamos los «beneficios y pérdidas» y nos desplazamos al futuro para analizar antes de empezar a hablar. Nuestra personalidad nunca se integra a causa de ello y seguimos fragmentados.
La gente me pregunta cómo puedo hablar durante horas seguidas sin prepararme nada. Verás, digo la verdad tal cual es, espontáneamente, eso es todo. ¡No me preocupa exponer la verdad! Nunca edito mis palabras. Para mí, pensar es hablar. Para ti, primero tiene lugar el pensar; luego editas lo que has pensado y solo luego llega el hablar. La inocencia se pierde en ese proceso y tú quedas atrapado en muchas palabras.
Puedes escucharme hablar durante horas porque hablo con espontaneidad. De otro modo te agitarías. El hecho de que estés aquí sin que te importe el tiempo que pase es prueba suficiente que demuestra lo que te estoy diciendo.
Cuando ocurre la espontaneidad, llega la fluidez y por ello resulta interesante. De otro modo, te anquilosas en una mente estrecha.
Una anécdota:
Un hombre se esforzaba mucho en dormir pero no podía, porque los perros de su vecino no dejaban de ladrar.
Esa escena se repitió durante unas cuantas noches.
Finalmente decidió hablar con el propietario al respecto.
Fue a la casa al día siguiente y se quejó.
El vecino no pareció inmutarse y dijo: «No puedo hacer nada al respecto. ¿Qué piensa hacer usted?».
El hombre contestó: «Pues verá, ¡esta noche ataré a los perros en mi patio y entonces sabrá de qué estoy hablando!».
¡Piensa en la tontería de lo que ese hombre está sugiriendo! Hace frente a esa cuestión con una mentalidad estrecha. ¿Cómo va a encontrar una solución? Cuando eres espontáneo no te sentirás cuestionado ni siquiera por un instante. Regresarás de inmediato con una solución. Cuando eres espontáneo, simplemente ¡saltas al precipicio y creas tus alas mientras caes!
P: ¿Cuál diría que es la causa de fondo de tantas preocupaciones y tensiones en nuestras vidas?
El hecho de que plantees esas cuestiones demuestra que estás listo para la solución.
Mira, estamos continuamente imaginando cualquier cosa sobre todo: sobre la gente que nos rodea, los sitios en los que vivimos, las situaciones que surgen y nuestra manera de vivir. Continuamente fantaseamos o esperamos que las cosas sucedan de una manera en particular. Pero la realidad siempre es distinta de la imaginación. La brecha entre realidad e imaginación crea tensión en nuestras vidas.
Hemos creado un mundo virtual en nuestro interior y tratamos de recrearlo constantemente en la realidad. Existe una brecha entre nuestra fantasía y la realidad. Cuanto más imaginemos más grande se hará la brecha y más aumentará la tensión.
Siempre creemos que estamos a punto de hacer realidad nuestra imaginación, pero cuando lo hacemos, descubrimos que la imaginación se ha desarrollado todavía más y que nunca acabamos de satisfacerla. Eso crea desilusión tensión y preocupación en nosotros.
La cuestión es ni siquiera somos conscientes de que estamos trabajando con la imaginación. Nuestra imaginación se ha convertido en algo tan sólido para nosotros que ni siquiera la percibimos como tal. Estamos atrapados en ella. Si esforzarte en alguna dirección para conseguir algo te provoca tensión, entonces es que no estás trabajando en la realidad, sino en tu zona imaginaria.
En todo momento intentamos satisfacer nuestras expectativas en el mundo exterior. Las expectativas pueden tener que ver con lo personal, la comodidad material, el nombre y la fama, y con cualquier cosa. Si la gente no reacciona o responde de la manera que imaginábamos, nuestras expectativas sufren. Siempre buscamos que las cosas, tanto las importantes como las que no lo son encajen con nuestra imaginación. Es un proceso inconsciente que tiene lugar en nosotros. Como es inconsciente, ni siquiera somos conscientes de estar haciéndolo, que es por lo que no entendemos la causa de la tensión. La causa está tan sutilmente entretejida en la trama general que no puede distinguirse.
Si diriges tu atención a esta cuestión y te observas durante unas cuantas horas, comprenderás cómo funciona tu mente. No tienes más que decidirte a ser un observador de tu mente y de la gente que te rodea. Verás cuán sutil es tu mente, creando continuamente expectativas incluso de las cosas más nimias que observas y haces, y cómo a veces la realidad encaja y a veces no colma tus expectativas y cómo surgen sensaciones de tensión y preocupación en tu interior cuando eso sucede.
Inundando de atención todo este proceso, observarás la manera en que juega tu mente, creándote tensión. Una vez que aprendas a convertirte en el observador, tus preocupaciones desaparecerán y dejarás de interiorizar los incidentes que sucedan en el mundo exterior. Cuando interiorizas incidentes del mundo exterior, creas una gran base de datos de palabras en tu interior, que provocará nuevas preocupaciones.
Cuando planeas cronológicamente y te esfuerzas para realizar tu plan cronológico sin pérdida de tiempo, estás en el camino hacia la realidad. Si te descubres preocupándote más que trabajando, sin llegar a ningún sitio, entonces es que estás en un camino de preocupación psicológica. Tenemos ahí una brecha entre la realidad y tú mismo. Es el momento de interiorizarse y ordenar los pensamientos.
Pensar para planear de manera cronológica no tiene nada de malo, pero pensar en cómo vas a ejecutar el plan no es adecuado. Se convierte en una preocupación psicológica y eso es lo que crea tensión y preocupación.
Si te cuesta dos horas planificar por ti mismo, entonces las restantes 22 están disponibles para que puedas ejecutar el plan. ¿Por qué entonces no sucede así? Pues porque has desperdiciado más del 80% del tiempo restante en preocuparte sobre cómo vas a ejecutar el plan.
Cuando te repites una y otra vez el plan a ti mismo, de hecho estás vaciándote de energía. En lugar de utilizar la energía para ejecutar el plan, tú te dedicas a desperdiciarla. ¿Cómo lograrás acabar la tarea?
Una cosa más: si realmente quieres acabar la tarea, deberás ponerte a ello sin preocupaciones. En realidad, la tensión y la preocupación no son más que meras excusas para dejar de hacer cosas. Con el pretexto de estar preocupado y tenso, te escapas de la responsabilidad.
Todo problema está preñado con la solución. Si realmente quieres resolverlo, lo harás. Todo lo que necesitas hacer es observar el problema con mucha atención y la solución destacará. Solo cuando no quieras solventarlo, te sentirás cómodo hablando de ello, sin hacer nada. ¡Y te sentirás genial porque tienes mucho de lo que preocuparte!
La mejor manera de escurrir el bulto de toda responsabilidad es entrar en un estado de preocupación y tensión. Muy a menudo, la gente que padece depresión se siente cómoda en ese estado porque no han de aceptar responsabilidad alguna.
Una anécdota:
Un hombre con fama de ser un gran sanador visitó una aldea.
No tardó en reunir una multitud a su alrededor.
Tocó a un hombre en el cuello y el hombre, que sufría de espondilosis crónica encontró alivio al dolor de inmediato.
Luego tocó a otro hombre en la cabeza y el dolor de cabeza que padecía despareció al instante.
Se acercó a un hombre con muletas.
Pero el de las muletas se alejó y dijo: «¡No me toque!».
El sanador se quedó perplejo y preguntó la razón.
- El hombre explicó: «Acabo de solicitar mi prestación de discapacidad».
No dejamos de hablar de nuestros problemas, pero cuando nos ofrecen una solución, ¡de repente nos encontramos mejor! Nunca habíamos pensado más allá de nuestros problemas, así que cuando estos desaparecen ¡descubrimos un vacío!
Abandona toda tu imaginación acerca de tu manera de vivir, personas y demás y empieza a vivir en el momento presente, y las cosas sucederán de manera automática. Recuerda: no puedes permanecer en esa zona cómoda durante mucho tiempo. En un momento u otro, la realidad acabará alcanzándote. Así que empieza a vivir conscientemente, toma decisiones conscientes y acepta la responsabilidad de cada decisión que tomes.
Es muy fácil basarse en las decisiones de los demás y acabar culpándoles. Es lo más tonto y cobarde que puede hacerse. Nunca culpes a nadie de nada. Recuerda, solo cuando seas incapaz de manejar algo, dejarás que se hagan responsables de ello y les culparás.