De la lujuria al amor, el proceso alquímico
La lujuria, como la cólera, es una energía tremenda. Lo cierto es que hasta que llega el momento en que comprendes qué es la lujuria y cómo puede transformarse, cualquier acto que realizas es lujurioso. Incluso tomar un lápiz es lujurioso; si acaricias a un niño, también lo es. Radica en ello cierta naturaleza animal porque tu energía sigue estando impulsada por la codicia. No ha sido transformada en energía más elevada.
De la misma manera en que el conocimiento sobre la cólera reduce la misma, también el conocimiento sobre la lujuria reduce ésta, ¡porque ambas son la misma energía! El problema con la lujuria y el sexo es que se les ha magnificado y se los imagina como mucho más importantes de lo que realmente son. A causa de la represión, el sexo se ha exaltado más de lo que le corresponde. Ahí es donde radica el problema. En gran parte ha quedado contaminado por los medios.
Cuando tu lujuria no es aceptada por otra persona, se convierte en cólera hacia ella. Por eso leemos noticias de adolescentes que lanzan ácido a los rostros de muchachas que les han rechazado.
La sociedad siempre ha hecho divisiones entre seres humanos inferiores y superiores. A cualquiera con pasión o lujuria se le considera un ser humano inferior. Pero no hay inferior ni superior: debe tener lugar una transformación, eso es todo.
La gente que va por ahí sentando estándares morales, simplemente pretende ser moralistas. Pero o bien tiene miedo de asomarse tras esos sentimientos o se sienten culpables por haberlo hecho y quieren hacerse los moralistas. Son los que establecen normas como qué es inferior o superior en la sociedad.
No tienes más que comprender que no existe lo inferior o superior. En el momento en que piensas que eres inferior, empiezas a luchar con esa sensación y te resulta muy difícil superarla.