Siéntete agradecido sin motivo
Una anécdota:
Una niña se sentó a la mesa a cenar con su madre en un hogar cristiano. Se sirvió la comida y la niña empezó a comer sin bendecir la mesa. La madre se quedó pasmada y le preguntó cómo podía hacer algo así. La niña contestó de inmediato: «No hay nada en este plato por lo que no haya dado las gracias antes en al menos una ocasión».
Sabemos sentir gratitud solo por una razón de peso.
Una anécdota más:
Una niña le preguntó a su madre: «Mamá, ¿cuántos días quedan para Navidad?». La madre preguntó: «¿Por qué quieres saberlo?». Dijo la niña: «Me preguntaba si ya era hora de que empezase a portarme bien».
Así es como enseñamos a los niños a pensar y comportarse. Les enseñamos cómo realizar transacciones. Les enseñamos que todo no es más que una transacción. No les enseñamos a ser espontáneos y fluidos. No les enseñamos a vivir sin un propósito. Hacemos que tengan objetivos concretos.
A causa de todas esas cosas que se les han hecho a los niños, has de esforzarte mucho para deshacerlas. Pero ten muy claro que todo lo que hago contigo solo es deshacer. Estoy deshaciendo constantemente. ¡Imagina la cantidad de cosas que te han hecho en ese sentido! Durante generaciones, la gente te ha ido transmitiendo sus ideas. Así que primero he de deshacer todo eso y luego crear un espacio en ti para que florezca.
Cuando le digo a las personas que sientan en ellas una sensación continua de gratitud, regresan más tarde y me dicen: «Swamiji, ahora le doy las gracias a los taxistas y a los sirvientes de casa». Una cosa ha de quedar clara: cuando la gratitud se convierte en tu ser, ni siquiera hablas de esas cosas.
¿Verbalizas tu dolor cuando lloras la muerte de un ser querido? ¿Serías capaz de verbalizar tu dolor? ¡No! Se convierte en una emoción tan enraizada que se convierte en el estado de tu ser. Solo puedes sentirla, nunca puedes informar de ella.
De la misma manera, cuando la gratitud se convierte en tu propio ser, pasará a ser tu estado; no necesitarás explicarlo. Tampoco podrías. Claro está, decir «gracias» está muy bien por razones sociales porque a menos que las expreses, no llegarán a oídos de la otra persona.
Pero lo que intento explicarte es que necesitamos pasar de la gratitud mental a la gratitud del ser. La gratitud de la que hablamos nunca podrá expresarse, porque discurre muy profundamente.