La belleza del contento
Estar descontento es como darle alimento a la mente para que le dé vueltas. La mente se alimentará de ello y se mantendrá ocupada. ¿Qué sucede cuando nos sentimos demasiado satisfechos? La mente pasa hambre. No sabe qué hacer. ¡Empieza a buscar lo que la alimenta!
Una mujer entró en una zapatería.
Pidió unos zapatos que le fuesen bien y el vendedor le mostró pacientemente muchos pares de zapatos.
Ella se probó uno tras otro y le pareció que ninguno de ellos le encajaba perfectamente.
Finalmente, el vendedor le mostró un par y le pidió que se los probase.
Ella lo hizo y dijo: «Vaya, me van muy bien. Me pregunto si será el número adecuado».
Cuando estás decidido a no sentirte satisfecho, no hay nada que pueda ayudarte. Es un estado de ánimo que solo tú puedes solucionar. La mayoría de nosotros sentimos una cierta comodidad al hablar y sentirnos descontentos, porque siempre habrá algo de lo que hablar; la mente estará siempre ocupada.
Sentirse siempre satisfecho es como perder la cabeza. Por eso aunque decimos que queremos sentirnos satisfechos siempre, cuando sucede no parece que estemos listos para asimilarlo. Nuestra mente actúa taimadamente porque necesita algo a lo que hincarle el diente.
Nos sentimos seguros cuando corremos tras el horizonte. El horizonte es solo una línea imaginaria, pero nos sentimos seguros corriendo tras ella ¡porque siempre hay algo tras lo que correr! ¡La mente ha sido educada para estar siempre corriendo!
Cuando te comportas así, en realidad te estás engañando a ti mismo, eso es todo. Estás creando resultados autocontradictorios para ti mismo. Por ejemplo, quieres sentirte contento, satisfecho en el fondo de tu corazón, ¡pero no haces más que rechazar el contento quejándote constantemente y negándote a reconocer lo que se te ha dado! Quieres algo pero atraes algo distinto. Y te sientes cómodo intentando alcanzar el contento ¡como un proceso de por vida!
Comprende que tu desgracia empieza en el momento en que creas resultados autocontradictorios para ti mismo. Intenta tener claro cómo te gustaría que fuese tu vida y dirige cada gramo de energía hacia su consecución. Cuando funciones con esa claridad, nunca te engañarás ¡y comprobarás que no tardarás en convertirte en lo que querías ser!
Cuando entras en un espacio en que la gratitud se convierte en tu meditación, el contento sucede automáticamente. El contento normal que todos conocemos siempre es por una razón. Está relacionado con algo que ha sucedido en el mundo externo y que temporalmente ha calmado tu mente agitada, eso es todo. Cuando tu mente está descansada, dices que estás satisfecho. Pero el contento real no es ese.
El contento real es cuando sientes una gratitud permanente hacia la benevolencia de la Existencia. El contento real no pide nada más. Simplemente disfruta de todo sin una razón; no la necesita. Cuando alcances este estado, desconocerás que es el descontento.
Una anécdota:
Un hombre fue a ver al médico y se quejó de insomnio. El médico le preguntó: «Así, ¿usted no puede dormir por la noche?». El hombre contestó: «Duermo muy bien de noche, doctor». El médico preguntó: «¿Entonces, cuál es el problema?». El hombre dijo: «No puedo dormir por las tardes».
Todos queremos más y más sin medida. Y aunque la tengamos, es infinita; ese es el problema. Estamos totalmente cegados por nuestra actitud de pedir más. Por ello, ni siquiera sabemos dónde estamos. Llevamos mucho tiempo sin mirar en nuestro interior.
Intenta recordar este chiste siempre que algo te moleste. Intenta conectar de inmediato con el chiste y observa con atención qué es lo que te molesta. Profundiza y comprueba si realmente tienes un problema o si simplemente estás permitiendo que tu mente te la juegue. Puedes reírte al final.
Una mujer viajaba en un vuelo de larga distancia.
La azafata llegó para servir la comida para todos. Vio que la mujer dormía, y se dedicó a atender a la siguiente persona.
La mujer se despertó al cabo de un rato y pidió su comida.
La azafata se la trajo.
La mujer tocó la comida y se encolerizó: «¿Pero qué clase de aerolínea es esta? La comida no está caliente. He pagado un ojo de la cara para tomar este vuelo ¡y ni siquiera puedo conseguir comida caliente!».
La azafata se disculpó diciendo: «Discúlpenos, señora. El calentador no funciona. El resto de la gente también ha recibido su comida de la misma manera».
La mujer contestó: «¿Ah, sí? Entonces está bien».
Ya lo ves, la comida seguía fría, pero la mujer ya no se sentía mal ¡porque supo que todos los demás habían sido servidos igual! Eso es lo que quiero decir cuando afirmo que todo es un juego de la mente; todo es un ajuste de la mente. La mente no deja de modificar su postura y jugártela, porque tú le permites hacerse cargo. No te has centrado en el contento así que oscilas según lo que decide tu mente.
Como estaba diciendo, si no puedes reírte al final del día, significa que sigues mostrándote serio al respecto; todavía te da la impresión de que cargas con todo el mundo y que gracias a ti funciona todo.