KAILASA Library/Soluciones garantizadas Para la lujuria, el miedo, la preocupación…/La belleza de la ExistenciaSign in
Soluciones garantizadas Para la lujuria, el miedo, la preocupación…

La belleza de la Existencia

Ya ves, en el fondo, la verdad es que pertenecemos a la Existencia, que es la energía fundamental y omnipresente que controla toda la representación. Nuestra naturaleza inherente también recobrará esa conexión con la Existencia para que podamos fluir sin problemas. Pero en algún momento perdimos esa comprensión y nos desconectamos de la Existencia, empezando a correr tras cosas materiales, creyendo que eso es lo que buscamos.

Si has estado en un zoológico al menos en una ocasión, te habrás dado cuenta de que las colas más largas son las de las jaulas de leones y tigres. Verás que siempre hay mucha gente observando a leones y tigres, admirándolos sobrecogidos y con respeto.

Y es así porque, sin ni siquiera darnos cuenta, nos sentimos extrañamente tranquilizados al observar a seres más grandes o fuertes que nosotros. Nos proporciona la reconfortante sensación de que no somos el poder último. Sabemos que no somos el poder último. Nuestro ser busca en realidad un encuentro con esa grandeza que nos recuerda nuestro verdadero papel en este universo macrocósmico.

La gente acude a los templos solo para obtener esa seguridad que logran cuando ven las imágenes. Quienes no encuentran ese tipo de seguridad en los templos la descubren en otros lugares. Pero de alguna manera, en lo más íntimo de nuestro ser sabemos que no somos el poder último. Esa sensación debería convertirse en una realidad empírica para nosotros. Entonces lo sabríamos seguro.

Si vas al Himalaya, recibirás un recordatorio intenso y permanente acerca de la profundidad de la Existencia. Las montañas se alzan de cima en cima, convirtiéndose en valles y desde los valles elevándose hacia las montañas, sin ningún principio ni fin perceptible, con el río Ganges fluyendo continuamente por el valle, de distintas maneras, adoptando diferentes colores y cauces, parloteando y riendo en el lenguaje de la Existencia. Si hay un mundo no creado por el hombre, ese es el Himalaya. El Himalaya demuestra que los seres humanos no son los reyes absolutos.

Cuando veas el Himalaya, verás cómo, a lo largo de cientos de kilómetros, van apareciendo las montañas heladas, primero como montañas heladas para luego convertirse en montañas y agua, y más tarde solo en agua. Así son las maravillas de la naturaleza en su punto más álgido.

Lo que los libros no pueden enseñarte con palabras, el Himalaya te lo enseña sencillamente mediante la experiencia de verlo. Solo has de estar listo para recibirlo. El Himalaya es un cuerpo de energía viva con un penetrante silencio. Solo has de permite que te penetre. Si comprendes que no eres sino una mota del esplendor de la Existencia, lo aceptarás con gracia y humildad, sin hacer preguntas.

Cuando te abres a la Existencia, esta te llena. Te llena tanto como tú te abres. Todos piensan que hay que esforzarse mucho para agarrarse a Dios. De ninguna manera. ¿Has visto la manera en que los monitos se agarran a su madre? Existen muchas posibilidades de que se suelte y caiga. Mientras que con los gatos, es la madre la que se agarra al gatito; el gatito está pues totalmente a salvo.

No tienes que agarrarte a Dios. Si te permites hacer lo que te toca dejando el resto a Dios, este se agarrará a ti. Para Dios, caer no es un drama. ¡Pero de ti depende que Dios se enamore de ti! Sucederá cuando cuentes con una fe inamovible y vivas una vida de amor y servicio.

Una bonita anécdota:

Un hombre era muy devoto y atento y realizaba muchas buenas obras.

Se enteró de que una persona tenía un libro en particular donde aparecían los nombres de las personas que amaban a Dios.

Se emocionó ante la posibilidad de encontrar escrito su nombre en el libro y fue a ver a esa persona, pidiéndole hojear el libro.

Buscó en todas las páginas varias veces pero no puedo encontrar su nombre. Se sintió muy disgustado y se marchó.

Un año más tarde volvió a ver si habían añadido su nombre en el libro. Pero tampoco lo encontró.

Cuando se marchaba, el hombre dijo: «Perdone. Espere, por favor. Este libro contiene la lista de los nombres de gente que ama a Dios. Tengo otro librito más pequeño que tiene unos cuantos nombres. Es la lista de los nombres de las personas a las que Dios ama».

Le mostró el libro y el hombre encontró su nombre escrito en él.

Es muy fácil enamorarse de Dios. Después de todo, es tan cariñoso, tan desprendido, tan poderoso y demás. Puedes continuar diciendo que le amas y seguir allí donde estás. Pero cuando empiezas a sentir a Dios a nivel del ser y en ti tiene lugar la transformación, ¡Dios se enamorará de ti! Te descubrirás siendo amado de muchas maneras hasta entonces desconocidas para ti. Así es el amor compasivo de Dios.

A todos nos han enseñado a temer a la naturaleza, a Dios, a la Existencia. Nos han enseñado a utilizar el calzado para caminar para que la tierra no nos lastime. Nos han enseñado a evitar la lluvia. Nos han enseñado a permanecer dentro de casa cuando hace viento. Nos han enseñado a mantenernos alejados de los animales y de tantas cosas más.

Te digo que la Existencia es tu única amiga en el planeta Tierra. ¿Sabes lo maravilloso que es andar sintiendo la tierra? En mi juventud nunca usé calzado, excepto cuando fui a la universidad, porque las normas lo exigían. Solía andar descalzo, tanto en casa como en el colegio o durante mi época de vagabundeo.

Incluso ahora, en el ashram, camino descalzo la mayor parte del tiempo. Sí claro, la gente que me rodea insiste en que me calce algo diciéndome que me haré daño en los pies. Les pregunto cómo es posible que estos pies, que han vagabundeado descalzos a lo largo y ancho de Bharat, ¡vayan a lastimarse ahora!

Al hacer todas esas cosas te has desconectado por completo de la naturaleza. Cuánta gente me pregunta: «Swamiji, ¿cómo es que tiene los pies tan suaves e impecables después de tantos años de deambular por terreno escabroso?». Te digo que nunca me he sentido alienado respecto a la Existencia; esa es la razón.

Esa es la verdadera razón. Siempre he sentido que era una parte de la Existencia. Siempre sentí que pertenecía a la naturaleza. Por eso solía vagabundear sin preocuparme, sin temer nada.

Imagínate solo, en la oscuridad de la jungla con animales salvajes, sin alimentos ni idea de cuándo sería tu próxima comida, y sin lugar para dormir excepto bajo la bóveda celeste. ¿Cómo te habrías sentido? Totalmente aterrado, ¿verdad?

Pues es así porque nunca te enseñaron que la Existencia es tu amiga incondicional. Siempre has acudido a la gente en busca de ayuda porque creías que solo la gente puede ayudar. No llegaste a comprender que la Existencia ayuda a través de la gente. Tu fe siempre ha estado depositada en la gente, nunca en la Existencia.

Cuando depositas tu fe en la Existencia, puedes vivir como un señor en el planeta Tierra. Yo disfruté de mis días de vagabundeo. Solía dirigirme adonde mis pies me llevaban, sin tener idea de cuál sería mi próximo destino. Solía subirme a cualquier tren y bajarme en la estación con el paisaje que más me atraía. En esa época no sabía hablar hindi y la mayoría de mis vagabundeos fueron en el norte de Bharat, en el Himalaya. Fui aprendiendo palabras en hindi para seguir adelante.

Lo cierto es que la primera dificultad al aprender cualquier idioma es pensar que no lo conoces. Primero te distancias del idioma y entonces parece difícil. También en este caso te estás distanciando de tu naturaleza omnisciente.

Sea como fuere, la mayor parte del tiempo vagué a solas y no formando parte de ningún grupo de mendicantes itinerantes. Nunca sentí que estuviera solo. Disfruté el ser parte de la Existencia. Cuando aprendes a relacionarte con la naturaleza, sientes la alegría de la Existencia. Nunca tuve que suplicar comida. Cuando sentía hambre o incluso sin sentirla, los alimentos llegaban a través de alguien de cierta manera. Eso es lo que quiero decir cuando digo que basta creer y soltar, y que la Existencia se hará cargo.

La gente me pregunta: «Swamiji, usted luchó mucho durante su vida y luego realizó su meta. ¿Debemos nosotros sufrir también para alcanzar nuestro objetivo?». Y les digo: «Luché porque utilicé 10.000 llaves para intentar abrir un candado. Me pasé años experimentando y finalmente hallé la llave adecuada. Ahora tengo siempre esa llave conmigo. Estoy dispuesto a dársela a quien la quiera. ¡Con ella podrás abrir en menos de un minuto! Pero claro, si te parece que has de sufrir, entonces eres libre de hacerlo. ¡No me interpondré!».