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Soluciones garantizadas Para la lujuria, el miedo, la preocupación…

Quejarse: un derivado de preocuparse

En nuestro viaje anual al Himalaya, algunos de los participantes se quejan de las dificultades y de las condiciones poco higiénicas. Le digo a la gente una y otra vez que simplemente estar en el Himalaya es una bendición que no está al alcance de muchas personas y que lo disfruten y se olviden del resto. Por alguna razón, la gente se agita y habla sobre esas cosas.

En una ocasión de este tipo, dos discípulos jóvenes me decían: «Swamiji, esta gente habla de las dificultades e intenta no preocuparse de ello, ¡pero ni siquiera podemos ver las dificultades! ¡Disfrutamos todo el tiempo!». Eso es lo que quiero decir cuando hablo de que cuando eres feliz en ti mismo, no existen cosas como «mi paz» o «tu paz». Lo que es, Es, eso es todo. Tú estás ahí, y eso está ahí y nada está relacionado. Tú simplemente sigues adelante en el mismo estado de paz y dicha.

Quejarse está relacionado con preocuparse porque estás intranquilo y atrapado en palabras. Si observas a los mendicantes itinerantes en el Himalaya, verás que llevan únicamente una sencilla jarra de agua y dos mudas de ropa. Uno se da cuenta de que en realidad no se necesita más que lo que tienes y por lo tanto no hay nada de lo que quejarse.

¿Por qué te quejas? Pues en realidad, la gente que se queja es la misma que ha sido bendecida con demasiadas cosas. ¡Son personas que no saben hablar de otra cosa y entonces se quejan! Cuando tienes suficiente y no has de luchar para sobrevivir, dispones entonces de tiempo para quejarte. Cuando de lo que se trata es de sobrevivir, te concentras en tu trabajo y no te quejas, porque si empiezas a quejarte, ¿quién hará tu trabajo?

En el Himalaya sobreviven los más capacitados. Has de estar alerta y atento todo el tiempo. Puede caerte encima un corrimiento de tierras en cualquier momento. De pronto puede nevar y cubrirse los senderos conocidos; los alimentos y otros suministros pueden repentinamente racionarse debido a su falta de disponibilidad.

Has de observar a esa gente en esas circunstancias. Son inocentes y acogen a las personas sin preocuparse ni quejarse. Se puede aprender mucho de esas personas. No consideran que les falte nada, viven felizmente, eso es todo. Reorganizan sus actividades de acuerdo a lo que sucede alrededor. No se preocupan ni se quejan.

¿Por qué no te conformas con lo que es asequible y sigues adelante? La gente que ha nacido y crecido en Bharat, cuando va a Norteamérica y regresa se queja de las condiciones en Bharat. Empezando por los aseos hasta las carreteras: se queja de todo. Eso solo demuestra que con tu estancia en el extranjero te has vuelto más melindroso y quejica, en lugar de haber aprovechado para darte amplitud y hacerte florecer como deberías.

Cuando comprendes que estás bendecido no porque seas digno de ello sino porque la Existencia simplemente obsequia a cualquiera y a todo, dejarás de quejarte. Te quejas porque consideras que eres digno de algo que no se te ha concedido.

Pero es necesario que tengas claro que nadie es digno o indigno; nadie es santo o pecador. Todo radica en comprender y sintonizarse con la naturaleza. Eso es lo que te convierte en receptor de la Existencia y de sus dones. Una profunda comprensión es lo que siempre provoca un cambio en la conciencia.

Si estás abierto, la Existencia te obsequia. La Existencia está continuamente obsequiando, solo que no sabemos cómo recibirlo. ¡Estamos muy ocupados recopilando palabras!

Aprende a estar contigo mismo

Cuando aprendes a estar contigo mismo, puedes comulgar con la Existencia. Pero nunca estamos con nosotros mismos. Siempre estamos con gente, con ruido. Nos identificamos con los demás, no con nosotros mismos. Si estamos con nosotros mismos nos sentimos solos y asustados.

Estuviste solo en el vientre de tu madre y esa es tu verdadera naturaleza. ¿Pero qué pasó después de eso? Empezaste a pensar que necesitabas a más gente para hacerte feliz. Te ríes con gente, lloras con gente, hablas con gente, sufres a causa de la gente y mucho más. No sabes cómo celebrar estar contigo mismo.

En el momento en que te encuentras solo, empiezas a luchar contigo mismo interiormente. Tu parloteo interior toma el mando, tus preocupaciones se apoderan de ti y tú empiezas a pensar en cómo crear ruido o a quién llamar para hablar o con quién chatear en el ordenador.

Temes mirar en tu interior y por lo tanto buscas fuera. Cuando te conviertas en meditador, poco a poco irás comprendiendo que no necesitas depender de relaciones para hacerte feliz. Te basta contigo mismo. Cuando no puedas estar en paz contigo mismo, te quedarás en la periferia de tu ser, atrapado en supuestas relaciones.

Primero es necesario que establezcas una relación contigo mismo. Cuando es intensa y regular, relacionarse con los demás será meramente incidental. Ahora, lo que debería estar en la periferia resulta que es lo que se considera el núcleo y lo que debería ser el núcleo recibe tratamiento de periferia. Has de invertir la situación, para lo cual has de dirigir tu mirada hacia el interior.