Una paz auténtica
Debemos trabajar con nuestra mente una y otra vez para darnos cuenta de qué nos proporciona alegría o dicha. Tengámoslo claro: la felicidad es distinta de la dicha. La dicha es una sensación hermosa e intensa en tu interior que te hace sentir como en un plano de existencia diferente. La felicidad o el placer están muy a menudo relacionados con los objetos del mundo exterior y también nos infligen dolor continuamente.
La felicidad es relativa mientras que la dicha es absoluta. La dicha es algo que no tiene contrario. Cuando eres feliz, la tristeza está a la vuelta de la esquina. Cuando hay mucho placer, estás al borde del dolor. Pero cuando eres dichoso, simplemente lo eres y no tiene contrario. La felicidad y el placer son como péndulos que se balancean y que alcanzan un extremo antes de regresar. Pero la dicha no es un péndulo. Está más allá de la dualidad; nunca se balancea. Simplemente ES.
Escudriña tu mente una y otra vez y comprueba qué es lo que te proporciona alegría. Luego empieza a seguirlo. Una vez que algo en tu interior te dice que te estás dirigiendo hacia la alegría permanente, una vez que hallas convicción en ti mismo, cambia de posición y ajusta los asuntos importantes en tu vida, orientándolos hacia esa dicha. Cada acción o pensamiento deberían estar orientados hacia esa dicha. La energía invertida será energía ganada. Te sentirás siempre energetizado.
Algunas personas dicen que quieres que les dejen en paz, que no quieren preocupaciones. La paz de la que hablan no es una paz viviente; es una paz muerta. Es una paz carente de vida y dormida, y es el resultado de no saber cómo manejar la riqueza de la vida. Es una paz que anhelan porque la vida es demasiado para ellos. Es como decir ¡mala suerte! y abandonar.
La auténtica paz es algo que está en ti todo el tiempo, independientemente de lo que suceda externamente; eres sencillamente feliz contigo mismo, observas a todo el mundo y a cualquier cosa, como una brisa repentina que te besa al rozarte y luego desaparece. Sea quien fuere la persona o cosa que tengas enfrente, tu paz continúa en ti. La gente o las circunstancias no la alteran en modo alguno.
La paz no es más que la dicha que sientes en tu interior. Cuando la paz nace de la dicha, te mantiene tanto a ti como a los demás en un estado pacífico. Una vez que descubras esta paz en tu interior, nunca dirás nada tipo: «Déjame en paz. Quiero estar en paz», etc. En el momento en que dices algo así, significa que intentas obtener paz a instancias de los demás, lo cual no es la verdadera paz.
La paz es un sólido centro que se desarrolla en tu interior y que te mantiene feliz siempre en ti mismo. Cualquier cosa que pudiera suceder fuera será simplemente otro incidente. Ni siquiera lo relacionarás con tu paz. Has de tener claro que en el momento en que relaciones un incidente con tu paz, la verdadera paz no echarás raíces en ti.