Cómo funciona Dios
Dejad que diga algo a aquellos de vosotros que creéis que Dios responde a vuestras oraciones: ¡Dios es tan compasivo que no deja tus oraciones sin respuesta!
Sucede así: ¿le das un helado a un niño que lo pide mientras está resfriado? No, no se lo das.
Ahora bien, el niño pudiera sentirse desagradecido contigo, pero tú sabes que estás haciendo lo que le conviene porque no sabe que lo que pide no es precisamente lo adecuado para él en ese momento.
De la misma manera, en tu profunda ignorancia, no sabes lo que más te conviene pero no dejas de pedir varias cosas a Dios. Pero movido por la pura compasión, Dios aparta amablemente tus plegarias y te concede lo que realmente necesitas y te empuja hacia una mejor inteligencia, que es su única preocupación respecto a ti.
Recuerda que cuanto más se desarrolla tu inteligencia interior, menos rezas o pides.
¿Qué le puedes pedir a Dios? En el momento en que pides, ¡estás dando a entender que hay unas cuantas cosas que Dios no sabe! Significa que te parece que a menos que pidas, Dios no se enterará. Parece ridículo, ¿no te parece? ¿Puede haber algo que Dios desconozca?
Has de entender que Dios te da lo que necesitas, no lo que quieres. Si empezase a darte todo lo que quieres, ¡irías de desgracia en desgracia! Cuando te da lo que necesitas, vas de inteligencia a más inteligencia y en algún momento el ruego desaparecerá, apareciendo la gratitud.
Dios te proporciona la fuerza y el coraje que necesitas para superar las dificultades.
Te da la sabiduría para disolver tus pretendidos problemas.
Te da un recurso incalculable que es tu propia inteligencia actualizada, que te reporta prosperidad.
Te ofrece oportunidades para que explores tu propio amor y cariño.
Te da la inteligencia para comprender que todo lo que tienes es lo que necesitas.
Te da la madurez para florecer con una fragancia.
El problema básico de todos es que estamos dispuestos a creer que Dios cuenta con la shakti o fuerza para concedernos lo que queremos, pero no acertamos a comprender que también dispone de la buddhi o inteligencia para decidir ¡si es bueno o no para nosotros! Como creemos que Dios solo tiene poder, pedimos y pedimos.
Siempre nos da la sensación de que sabemos qué es lo mejor para nosotros y rogamos por ello a Dios. ¡Queremos utilizar nuestra inteligencia y el poder de Dios para obtener lo que queremos! Le hacemos saber: «¡Esto es lo que quiero y esta es la manera en que las cosas deben ser, así que por favor hazlo con tu poder!». ¡Y le comunicamos a Dios todos nuestros caprichos y preferencias, agrupándolos en un paquete, como si fuesen una oración!».
Esa es una actitud que nos reporta complicaciones. Hemos de comprender que Dios no solo dispone del poder, sino también de la inteligencia para decidir qué es bueno para ti. Cuando lo entendamos, dejaremos de utilizar nuestro método de oración.
Creemos que el mundo funciona gracias a nuestra inteligencia. Pero lo cierto ¡es que el mundo funciona a pesar de nuestra iluminación!
Una anécdota:
Dios y todos los científicos de mundo celebraban una reunión y una competición. Cualquier objeto que Dios creaba, los científicos lo reproducían idénticamente a partir de algún material. Los científicos podían reproducir objetos sin ningún problema.
Finalmente, Dios creó al hombre del polvo y desafió a los científicos.
Los científicos empezaron a reunir polvo...
Dios dijo: «¡Esperad! ¡Hacedlo con vuestro polvo, no con el mío!».
El ser humano ha de comprender que la Existencia es el creador, lo creado y la creación. Solo entonces podrá empezar a disfrutar de las cosas sin preocupaciones. Solo entonces puede renunciar a las posesiones y la autoría.
Estamos tan acostumbrados al concepto de mercadear que nos resulta difícil comprender que pueda existir alguien que sin ser familia nuestra, se ocupe de nosotros incondicionalmente, sin esperar nada a cambio. ¡Es demasiado para creérselo!
Te digo que la Existencia se ocupa de ti como nadie más. Yo te puedo comunicar esta verdad, pero dependerá de cada uno comprenderlo interiormente, a partir de su propia experiencia. Solo entonces se convertirá en conocimiento de primera mano.
Siempre le digo a la gente: «No puedo enseñarles espiritualidad, ¡pero pueden aprender!». Te puedo contar grandes verdades para que tú al menos sepas lo que no sabes. Pero convertir esa verdad en una comprensión para ti mismo depende de ti. Estoy dispuesto a repetirte la verdad todas las veces que quieras escucharla.
Una anécdota:
En una ocasión en que Adi Shankaracharya, un santo de la antigua Bharat, realizaba una peregrinación a pie con sus discípulos, en un momento dado sintió mucha sed.
Buscaron alrededor pero no pudieron hallar nada para saciar su sed.
Solo había un cocotal, donde fabricaban aguardiente de palma.
Shankara entró en el cocotal y preguntó a los trabajadores si tenían algo con lo que saciar su sed.
Dijeron que lo único que tenían era aguardiente.
Shankara se lo pidió y se lo bebió.
Los discípulos contemplaron cómo Shankara bebía. De inmediato, ¡ellos también pidieron aguardiente y se lo bebieron!
El aguardiente no afectó a Shankara porque era un ser iluminado que ¡disponía de una conciencia ilimitada!
Siguió andando tranquilamente, ¡pero sus discípulos iban tambaleándose por detrás!
Al cabo de unos días, volvieron a caminar, pero en esta ocasión lo hacían por una zona desértica.
Sintieron sed y en esa ocasión solo encontraron una fundición de hierro. No había nada más.
Shankara le preguntó al trabajador que allí había si tenía algo para beber.
El trabajador dijo que no había nada para beber.
Pero Shankara vio el hierro fundido, ¡se volvió a sus discípulos y se lo ofreció! Los discípulos se quedaron de piedra.
Shankara quiso hacerles comprender que ellos debían hacer lo que él decía y no lo que él hacía. El aguardiente no le afectó porque estaba establecido en una conciencia ilimitada. A menos que la hayas experimentado, la desconocerás. Así que no puedes limitarte a imitar desde fuera. Tiene que suceder desde el interior de cada uno de los presentes, y entonces sabrán.
El grado en que quieras comprometerte y sentirte conectado con la verdad, depende de ti. Yo solo puedo ayudar a quienes se ayuden a sí mismos. Puedo ofrecerte mi mano para levantarte, pero solo si estás dispuesto al menos a levantar la mano para que llegue a la mía. Si realmente quieres que te levante, al menos has de tenderme la mano. De otro modo, te permitiré la libertad de seguir donde estás, eso es todo. Por eso dicen: «¡Dios te da la libertad de estar esclavizado!».
La mayoría de nosotros creemos que Dios no nos ayuda como debiera. Te digo que Dios te conoce mejor de lo que te conoces tú mismo. Esta es la verdad. Has de comprenderlo, eso es todo. Intenta desechar la duda y ten algo de fe; con eso bastará. El resto sucederá automáticamente.
Una anécdota:
Dos peces de colores estaban dentro de una pecera. Uno de ellos le preguntó al otro: «¿De verdad crees en la existencia de Dios?». El otro replicó: «¿Quién crees si no que cambia el agua cada día?».
Si crees que la Existencia se ocupa de todas tus necesidades, te liberarás de todo tipo de preocupaciones. Pero recuerda, tal como te he dicho, que tus necesidades son distintas de tus anhelos. Tus necesidades son pocas pero tus anhelos muchos. Tus necesidades son automáticamente colmadas por la Existencia. Cuando tus anhelos aumentan, pierdes fe en la Existencia porque no ves que se colmen.
Ya lo ves, las creencias ordinarias no son más que creencias, eso es todo. Por otra parte, la fe es creer a la que se añade energía para ponerla en marcha. Puedes empezar creyendo pero has de acabar en la fe. Con el creer existirá una duda; con la fe no habrá dudas, porque la habrás experimentado. Cuando hayas experimentado por ti mismo las maravillas de la gratitud, atraerás más y más fortuna hacia ti. Lo digo a partir de mi propia experiencia.