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Soluciones garantizadas Para la lujuria, el miedo, la preocupación…

Sé una fuente de energía de amor

¿Qué es la necesidad de atención?

Antes de pasar al tema del amor, veamos qué quiere decir «necesidad de atención». Todo lo que hacemos y pensamos busca subconscientemente el acuerdo y la aprobación de quienes nos rodean de una manera sutil. Nos encanta tener una buena reputación con todo el mundo. Tal vez no lo hagamos de una manera muy obvia, pero si lo analizamos en profundidad, veremos que no acabamos de estar tranquilos si el aprecio y aprobación de quienes nos rodean. Este refrendo, esta aprobación, es lo que denominamos «necesidad de atención».

El 80% de nuestros problemas se debe a esta demanda de atención o aprobación. Si te sientas y anotas cuántas cosas haces al día para quedar bien, para mantener tu reputación entre la familia y los amigos, te darás cuenta.

Descubrirás que durante las 24 horas, durante toda tu vida, estás esforzándote en obtener aprobación de los demás. Te pasas la vida entera en una campaña de recogida de firmas, por así decirlo, obteniendo las firmas de aprobación de la familia y la sociedad.

En un enorme libro de registro tienes la columna «Buen padre», y ¡por todo lo que haces por tus hijos esperas su firma de aprobación en esa columna! Luego también haces lo mismo con tu esposa, tu jefe y tus amigos. Preparas columnas con los encabezamientos adecuados como: «Buen esposo», «Buen empleado», «Buen amigo», etc., y esperas que todos firmen debajo.

Pero claro está, ¡toda esa gente también va en busca de tu firma! ¡Debes firmar en sus registros bajo la columna que te es aplicable!

¿Por qué nos preocupa tanto la opinión de los demás sobre nosotros? ¿Por qué no podemos juzgarnos a nosotros mismos según nuestra propia fortaleza y seguir con nuestras cosas? ¿Por qué derivamos fortaleza de los demás? A causa de un par de cosas: una, que no sabemos nada de nosotros mismos. Solo nos conocemos a través de las opiniones de los demás sobre nosotros, a través de las certificaciones de los demás. En segundo lugar: cuando otros nos conceden su aprobación y atención, en realidad nos están proporcionando energía para continuar. ¡La atención ES energía! Por eso nos sentimos tan animados cuando nos prestan atención.

Nos vale la atención en cualquiera de sus formas. En la mayoría de los hogares, la suegra y la nuera discuten constantemente. No dejan de quejarse de la otra al pobre hombre de la casa. ¿Pero qué sucede si durante unos días una de ellas se va de la ciudad? ¡Empiezan a echarse de menos! Aunque se pelean todo el tiempo, ¡se echan de menos cuando no están juntas! ¿Por qué sucede eso? Cuando se pelean todo el rato, ¡en realidad están obteniendo toda esa atención de la otra persona!

¡No creas que solo la atención positiva resulta energetizante! Lo es cualquier forma de atención. Pero la suegra y la nuera disfrutan subconscientemente de la atención que obtienen de la otra cuando se pelean. Por eso se echan de menos; ¡en realidad echan de menos la atención! Pero cuando empiezan a echarse en falta ¡lo llaman amor! Dicen que se echan de menos porque se quieren.

Sí, claro, es posible; pero quiero que comprendas que la atención no es más que energía, que nos mantiene animados. Es una forma sutil de energetizarnos, y ni siquiera somos conscientes de ello. Cuando necesitamos algo, ese algo no es amor; es atención. No necesitas amor; tú ya eres amor. Así que cuando dices que necesitas amor, cuando dices que necesitas ser amado, en realidad estás necesitado de atención, no de amor.

La gente viene y me dice que sus hijos e hijas no les quieren porque son viejos. Lo que en realidad están diciendo es que sus hijos e hijas no les prestan atención, la energía que necesitan en la vejez.

Si te fijas, cuando nos hacemos mayores nos centramos cada vez más en nosotros mismos, somos más sensibles a la energía existencial en nuestro interior. Pero lo que sucede es que, a causa de haber dependido de los demás en cuanto a atención y energía durante toda nuestra vida, porque el amor que conocemos solo existe en las relaciones, y porque hemos vivido sin conciencia ni sensibilidad respecto a lo que hay en nuestro interior, cuando nos hacemos viejos, empezamos a echar en falta el amor procedente del exterior o la atención que llega desde el exterior. La familia está ocupada con otras cosas y no interactúan con nosotros como solían hacerlo. Así que con la edad empezamos a quejarnos.

Ya lo ves. Como no comprendemos que nuestra fuente de energía radica en nuestro interior, en lugar de vivir la vida con más dicha y energía, vivimos la vida con una dicha y energía reducidas.

¿Certificados de energía?

Cuando energéticamente dependes de fuentes externas, te incapacitas psicológicamente. Cuando necesitas apoyo físico, estás incapacitando físicamente. Cuando necesitas apoyo psicológico, te estás incapacitando psicológicamente.

Con una discapacidad física, sabes que estás discapacitado porque lo ves claramente, pero con la discapacidad psicológica, ni siquiera te enteras de que estás discapacitado. Cuando no eres consciente de ello desconoces las consecuencias que puede provocar. Cuando llegan las consecuencias o las enfermedades resultantes, te preguntas cuáles serán sus razones.

Si alguna vez has observado jugar a los niños, habrás visto que construyen castillos de naipes. Colocan los naipes en un ángulo determinado entre sí y levantan varias capas de esa manera, creando una forma piramidal. Es estupendo observarlo. Pero si quitas aunque solo sea un naipe de la pirámide, ¡todo el castillo se viene abajo! Cuanto más alto es el castillo, más posibilidades tiene de derrumbarse.

Nosotros creamos nuestra autoimagen de la misma manera, a partir de las opiniones de la gente sobre nosotros. Coleccionamos certificados o firmas de nuestro padre, madre, novio, novia, maestro, amigos y de quien sea, y ordenamos esos certificados, creando un castillo para conformar nuestra autoimagen. La imagen parece estupenda y nos sentimos felices.

¿Pero qué pasaría si una sola persona retirase su certificado? ¡Que el castillo se vendría abajo! Empezarías a sentirte desdichado. Te deprimirías. Sentirías que el mundo se acaba para ti.

En el caso de los niños, al menos levantan sus castillos con sus propios naipes. Pero nosotros creamos los nuestros con los naipes de los demás, ¡con los certificados de los demás! Carecemos de todo control sobre el castillo porque está levantado mediante los certificados de la gente.

¿Y qué es lo que hacemos? Empezamos a esforzarnos por mantener el castillo en pie. Empezamos a comportarnos de manera que la gente no retire sus certificados. Empezamos a hacer las cosas para obtener su aprobación continua, porque su aprobación se ha convertido en nuestra supervivencia.

Una anécdota:

En una ocasión una mujer salió de compras con su marido porque ella quería comprarse un abrigo.

Entraron en muchas tiendas pero no acaba de encontrar lo que quería.

El marido se cansó.

Le preguntó: «Querida, ¿sabes exactamente lo que estás buscando?».

La mujer le contestó: «¡Pues claro que lo sé! Estoy buscando un abrigo de caerte muerto».

El marido no acertó a saber qué quería decir.

Y preguntó: «¿Qué es un abrigo de caerte muerto, querida?».

Y ella dijo: «Pues uno que cuando la gente me vea con él, ¡se caiga muerta de envidia!».

¡Estamos todo del tiempo ideando maneras de acumular certificados de la gente! Todas nuestras acciones están inconscientemente relacionadas con lo que la gente dirá y sobre cómo reaccionarán ante las mismas.

Por ejemplo, un bolso puede entrar razonablemente en tu presupuesto y también te resultará muy útil. Pero inconscientemente, tu mente te dirá que la gente no acabará de apreciar el aspecto del bolso. ¡Así que vuelves a elegir otro! Pero no reconocerás que andas buscando certificados, ¡porque es un proceso inconsciente!

Nos volvemos casi como un ciempiés. Un ciempiés necesita cien patas para andar. De forma parecida, necesitamos la aprobación sincronizada de todos para andar por la vida. ¿Qué sucede si una sola pata del ciempiés no está bien? Que se queda inmovilizado. ¿Qué nos sucede a nosotros si no conseguimos una aprobación entre muchas? Nos deprimimos.

Si dependemos tanto de los demás tenemos todos los números para acabar deprimidos. La gente que padece depresión en realidad sufre de necesidad de atención. Con el tiempo pasa algo; no conseguimos la atención suficiente y nos resulta difícil vivir con ello. Basta una palabra para deprimirnos. Pero desconocemos la verdadera razón de nuestra depresión. ¿Y qué hacemos? Empezamos a tomar medicamentos para curarnos.

¿Cómo sanará? La causa de la depresión está en tu interior y tú buscas medicinas para ayudarte. Cuando llega gente con depresión, le digo que practique la sencilla meditación Mahamantra para empezar y sugiero que iremos dejando las medicinas poco a poco.

Ya ves, esas personas necesitan que les enseñen que sus fuentes de energía radican en su propio interior. La meditación puede mostrárselo.

Dependiendo de la sinceridad con la que mediten, pueden sencillamente aprovechar la energía en su interior y salir de la depresión. Las medicinas les aturdirán todavía más. Es necesario comprenderlo.

Y te digo lo siguiente: cuando obtienes tu energía del exterior, puede acabar haciendo estragos en ti. Te conviertes en una marioneta.

Permite que te cuente una historia. En realidad se trata de un experimento llevado a cabo en la Universidad de Chicago, en EE.UU.:

Un joven sano e inteligente se despierta y se dispone a ir a trabajar. Su esposa le mira y le dice: «Pareces cansado. ¿Te encuentras bien?».

Él se irrita a causa del comentario y le dice que deje de imaginar cosas, marchándose a continuación.

Mientras saca el coche de aparcamiento, su vecino, que le está observando, le grita: «¿Te encuentras bien? ¡Tienes un aspecto fatal!». En esta ocasión el hombre se siente sorprendido pero le contesta que está bien y se aleja con el coche.

Llega a la oficina y al entrar, la recepcionista le mira con preocupación y le dice: «¡Parece usted enfermo! ¿Va a trabajar?».

El hombre contesta: «Bueno, me parece que estoy bien. Ya veremos...» Y se dirige a su oficina.

Empieza a trabajar y un compañero entra en el despacho y le dice: «¡Pero bueno! ¡Tienes un aspecto fatal! ¿Qué te sucede? ¿Tienes fiebre o algo así?».

Ahora ya resulta demasiado para él. Empieza a sentirse incómodo y enfermo. Entonces le llama el jefe y va a verlo. El jefe le echa un vistazo y dice: «Vaya, qué mal aspecto tienes. ¿Estás seguro de que puedes trabajar hoy? ¿Por qué no vas al médico?».

El joven ya no puede más. Ahora se siente enfermo de verdad; dice que le gustaría irse a casa y se va.

Mientras conduce hacia su casa, siente que le sube la temperatura. Cuando finalmente llega, su esposa se sorprende al verle regresar. Se le acerca, le toca la frente y ¡descubre que tiene fiebre!

Un hombre que estaba sano y contento por la mañana ¡se enferma por la tarde! ¿Y cómo enferma? Porque la gente le dice que estaba enfermo. La gente se había puesto de acuerdo para repetirle la misma cantinela una y otra vez. El experimento se realizó con varias personas y todas acabaron enfermando.

Eso es lo que sucede cuando no estás centrado en tu propia energía interior. Simplemente tienes altibajos a causa de las influencias externas. Cuando estás centrado en ti mismo, no hay nada externo que pueda perturbarte.

La gente me dice: «Swamiji, no hacemos las cosas buscando elogios o aprobación; las hacemos porque es nuestro deber».

Seamos claros: en el momento en que afirmas que estás cumpliendo tu deber, lo haces porque de no hacerlo, la gente dejaría de darte su aprobación. Tu gente te aprobará mientras cumplas con todo lo que se espera de ti. Y si tienes el mínimo desliz, podrás comprobar el cambio en su relación contigo. Lo sabes, así que cumples con tu deber.

Dirás: «Swamiji, pero es que soy su padre. Si no les alimento, ¿quién lo hará». No estoy diciendo que no debas ocuparte de ellos. Les has dado la vida, has de ocuparte de ellos hasta el momento en que se independicen y hagan lo necesario por sí mismos. Pero hagas lo que hagas, hazlo sin expectativas, sin esperar nada a cambio. Que sea un acto que exprese la energía del cariño en tu interior, sin ningún tipo de expectativas.

Ahora mismo podrías decir que no haces nada con expectativas, pero cuando la reciprocidad por parte de la otra parte disminuya un poco, te darás cuenta. Podrás observar la tensión que hay en ti, la decepción. Esa tensión, esa decepción, es resultado de las expectativas que albergabas en tu interior cuando cumpliste tu deber. El grado de las mismas puede variar dependiendo de las personas, pero no obstante estarán presentes en un grado u otro.

Cuando están presentes, lo que haces no es una expresión de la energía del cariño en ti; lo estás haciendo a partir de una cualidad menor y limitada llamada deber o supuestamente amor.

La Bhagavad Gita dice bellamente:

Karmanyevaadhikaaraste maa phaleshu kadaachanah

Significa: «Tu tarea es simplemente hacer lo que has de hacer, no preocuparte del resultado».

Todo lo que hagas debería ser un raudal de la energía de cariño o afecto de tu interior. Entonces no te preocuparán los resultados,

Cuando digo que no te preocuparán los resultados, no quiero decir que a partir de una conclusión frustrante o cínica, no vayas a preocuparte. Lo que implico es que ni siquiera vas a esperar resultados porque estés continuamente trasladando y expresando tu energía dichosa interior. Así que ni siquiera podemos decir que no esperas resultados. Estás simplemente fluyendo gozosamente, ¡eso es todo! Esta energía fluida es amor de verdad.

Cuando empiezas a albergar expectativas respecto de otras personas, no acabarás nunca. Y deja que te diga algo: lo más difícil es satisfacer a todas las personas que te rodean. ¿Crees que puedes satisfacer a toda la gente todo el tiempo? Nunca. Es lo más imposible que hay en el planeta Tierra.

Una anécdota:

Un marido y una esposa celebran sus cincuenta años de matrimonio.

La esposa regala a su marido dos camisas.

Él se siente conmovido y declara que saldrán a cenar fuera en lugar de cocinar en casa.

Fue un momento muy tierno para ellos.

El marido se arregló y para que su esposa fuese feliz se puso una de las camisas regaladas, saliendo luego de la habitación.

Mientras bajaba al piso de abajo, la esposa le miró y sonrió, pero su expresión cambió enseguida y preguntó: «¿Es que la otra camisa no te gustaba?».

¡Es imposible hacer a otra persona totalmente feliz!

En primer lugar, intenta satisfacerte a ti mismo, encuentra satisfacción en ti mismo. Con eso basta. Y luego permite que esa satisfacción no tenga nada que ver con la gente que te rodea. Deja que sea una energía burbujeante en tu interior, independientemente de las condiciones y de las personas externas. Con eso basta.

Está bien hacer algo por los demás; está bien prestar atención, mostrar respeto, pero a partir de un profundo amor energetizado, no del miedo. No porque temamos que vayan a llevarse sus certificados. No vale la pena conceder tanta importancia a las opiniones ajenas, que se conviertan en el centro de tu vida. No conviertas a los demás en la fuente de tu energía.

Como ya dijera antes: como no sabes nada de ti mismo, te diriges a la sociedad en busca de una respuesta. Y la sociedad te cuelga alegremente una etiqueta: «Eres un buen padre. Eres guapa. Eres un fracaso», y cualquier cosa más.

Igual que un paquete sin la dirección correcta rebota de un sitio a otro, nosotros vamos por ahí recogiendo todas esas etiquetas. Pero no sabemos que no somos las etiquetas, sino lo que hay dentro del paquete.

Cuando dependes de los demás para tu felicidad, les estás dando control sobre tu vida. ¡Sé tu propia fuente de energía e inspiración! Ten muy claro que la verdadera alegría no es posible cuando sitúas tu centro en otra persona. Si lo entiendes, habrás solucionado la mitad del problema.

Una anécdota:

El Brahma Sutra es un gran libro que está a disposición de la humanidad.

Es la edición íntegra de la filosofía mundial, a partir de la que se originaron todas las demás filosofías: es el libro de libros.

Fue escrito por Veda Vyasa, el más grande de los eruditos hindúes.

Un maestro iluminado dio el libro a uno de sus discípulos, Vachaspati Mishra, y le pidió que escribiese un comentario sobre el mismo.

El maestro también le dio en matrimonio a su hija Bamati y murió al cabo de poco tiempo.

Vachaspati Mishra se dedicó a la tarea con ahínco.

Siempre estaba escribiendo. Para él se convirtió en una meditación intensa y transformadora.

Escribió durante meses. Luego los meses se mudaron en años y los años en décadas.

Durante ese tiempo no veía nada más, ni pensaba en otra cosa ni se interesaba en nada más.

Finalmente acabó su gran obra. Solo quedaba ponerle título al libro.

Levantó la mirada de su trabajo.

Vio a una dama anciana, encendiendo la lámpara que había junto a él.

Se sorprendió. Le preguntó: «¿Quién es usted?».

La mujer contestó: «No te preocupes por mí. Continúa tu trabajo».

Él dijo: «He acabado. Dígame quién es usted».

La mujer le dijo: «Soy tu esposa».

Vachaspati Mishra se quedó de piedra.

Estaba conmocionado ante lo sucedido.

Se había pasado décadas escribiendo el libro ¡sin pensar nunca en su mujer!

«¿Por qué no me lo has recordado nunca en todos estos años?», pidió.

«¿Para qué? —dijo ella—. Estabas inmerso en el libro. Me pareció que no había necesidad de molestarte», contestó ella, serenamente.

Vachaspati Mishra continuó: «¡Has sacrificado toda tu vida por la humanidad! ¿Qué puedo hacer para compensarte?».

Bamati contestó: «Ha sido una alegría servirte. Me siento privilegiada por haberte podido servir mientras escribías este gran libro. No necesito nada más». Vachaspati Mishra derramó lágrimas de alegría.

Rindió el mayor homenaje a su esposa. Titulo Bamati al trabajo de toda su vida.

Incluso en la actualidad, el comentario más notable sobre el libro más preciado de la humanidad, lleva su nombre: Bamati.

Bamati se convirtió en inmortal a causa de su devoción desinteresada y su amor. Se bastó con ella misma. No es que no quisiera molestar a su esposo, ¡es que no necesitaba hacerlo! Existe una gran diferencia entre ambas cosas. La mayor parte del tiempo queremos atención pero no hacemos nada pensando que no queremos molestar al otro.

Pero estamos hablando de una persona que no necesitaba atención. Hay una diferencia. Bamati no sentía que hubiera desperdiciado su juventud; no alcanzó ningún compromiso. Fue su ser natural, eso es todo. Y eso le bastó. No le resultó nada difícil no molestar a su esposo. Estaba tan centrada en su propia energía que no le importó.

Bamati vive incluso tras haber muerto. Nosotros morimos a cada minuto mientras vivimos. Esa es la diferencia.

¿Es hoy en día posible leer el periódico en paz durante media hora en nuestras casas? ¿Puede tu esposa ver su serial favorito en la televisión durante media hora? Justo