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Soluciones garantizadas Para la lujuria, el miedo, la preocupación…

Despierta a la belleza de la Existencia

Tu mente siempre se interpone entre ti y la Existencia. Te impide escuchar, ver, sentir y emocionarte con la Existencia. Una vez que vayas más allá de la mente y vea la belleza de la Existencia, ¡la gratitud se convertirá en tu oración y la dicha en tu ser! ¡Entonces disfrutarás de la liberación y de una alegría permanente!

Cuando abandones la lógica mundana de tu mente, fluirás como un río: sereno, sin esfuerzo, jubilosamente, con el fluir de la corriente. Entonces interpretarás tu papel y disfrutarás de cada uno de sus momentos. Comprenderás que eres una parte de una maravillosa representación, en la que cuanto más sensible te muestres al director, ¡mejor podrás interpretar y disfrutar de tu papel!

Cuando vas contracorriente, necesitas invertir esfuerzo y elegir. Cuando vas con la corriente, no necesitas realizar esfuerzo alguno; no te sentirás cansado; no te sentirás frustrado; ¡solo sentirás una ligereza fluida! Todo tendrás un aspecto maravilloso.

Una anécdota:

Un hombre iba en un tren que cruzaba el país.

Pasaba todo el tiempo en el vagón panorámico, observando el paisaje que discurría fuera.

A su lado se hallaba sentada una anciana, a la que dijo que lo mejor del viaje era el impresionante paisaje exterior.

La mujer asintió con su cabeza, siguió sentada un rato mirando por la ventana y luego se marchó.

Regresó poco después, se sentó durante un momentito, mirando por la ventana y luego se incorporó y se marchó.

Al cabo de un rato volvió a aparecer y en esta ocasión se sentó detrás del hombre.

Pocos minutos después le dio unos golpecitos en la espalda y preguntó: «Perdone, ¿pero ve algo que yo no puedo ver?».

¡Pasamos por alto la belleza de la Existencia! Siempre andamos en busca de razones para disfrutar, de razones para celebrar, interrogándonos acerca de lo que disfrutamos, ¡y de lo que no! Hemos perdido nuestra conexión con la Existencia por esa razón.

En lugar de sentir gratitud hacia todo lo que nos rodea, nos preguntamos y cuestionamos continuamente. Es necesario que recuperemos esa conexión con la Existencia. La gratitud puede ser de ayuda para recuperar esa conexión. Puede ayudarte a redescubrir tus raíces. Puede ayudarte a comulgar con la naturaleza, con la Existencia.

Una anécdota:

Un día, un hombre rezaba con muchas ganas en un templo: «¡Oh Señor! Por favor, dame 1.000 rupias durante 15 días. Las necesito desesperadamente. Te devolveré el dinero el 16º día a partir de hoy, cuando reciba mi primera paga».

El sacerdote del templo escuchaba sus oraciones.

Le supo mal ver a aquel hombre en aquel estado.

Llevaba encima 500 rupias. Las metió en un sobre y se las dio al hombre diciendo que Dios le había pedido que le diese el dinero.

El hombre se sintió alborozado. Se llevó el sobre a casa y lo abrió.

Contó el dinero y vio que solo había 500 rupias y no 1.000.

Al día siguiente volvió al templo y rezó: «¡Oh Dios! La próxima vez no me mandes el dinero a través del sacerdote; hazlo directamente, pues se quedó con la mitad».

¡Lo damos todo por sentado, lo subestimamos, y estamos siempre descontentos!

No subestimes nada

¡Recuerda que la vida en sí misma es un regalo para ti! ¿Te has esforzado por merecerlo? ¿Alguno puede decir que se ha esforzado mucho para merecer esta vida? ¡No! ¡Por eso no comprendemos su valor? Simplemente lo damos todo por sentado – nuestros cuerpos, los alimentos de cada día, la belleza de la Naturaleza–, lo subestimamos. Le pedimos a Dios anillos de diamantes, ¿pero le agradecemos el habernos dado dedos para llevarlos? ¡Con el tiempo, incluso el anillo de diamantes acaba perdiendo su valor para nosotros!

Un día, la profesora de Geografía de una escuela preguntó a sus estudiantes que escribiesen las Siete Maravillas del Mundo.

Todos los chavales enumeraron grandes maravillas como la Gran Muralla de China, las Pirámides, la torre Eiffel y demás.

Una niña escribía y escribía, sacudiendo la cabeza y escribiendo más.

La profesora se le acercó y preguntó: «¿Qué sucede; te has olvidado de lo que aprendiste?».

La niña dijo: «No. Estoy un poco confusa. Son muchas más de siete».

A la profesora le sorprendió, así que tomó la hoja y la leyó.

Luego la leyó en voz alta, para que escuchase toda la clase: «Las siete maravillas del mundo son: puedo ver, puedo tocar, puedo oler, puedo oír, puedo saborear, puedo reír, puedo amar...»

La clase se vio súbitamente sumergida en un penetrante silencio.

Olvidamos las cosas pequeñas porque creemos que son pequeñas. Todo lo que nos resulta fácil de conseguir nos parece pequeño.

En este mundo hay millones de personas que no pueden ver, que no pueden oír, que no pueden hablar, que no pueden saborear. Nunca pensamos en esas cosas. Siempre estamos pensando en más, en mejor y en lo que vendrá a continuación.

Una anécdota:

Un hombre viajaba por la carretera para llegar a su pueblo.

Al cabo de una hora de viaje su coche sufrió una sacudida y se detuvo.

Le invadió el pánico y vio que se le había acabado el combustible.

Caminó unos cuantos kilómetros, rogando, sudando y jadeando, hasta que llegó a un pueblo.

Vio una gasolinera y se dirigió hacia ella. Explicó que no tenía ni un centavo, pero que necesitaba combustible para llegar a su pueblo.

Le dieron la espalda.

Luego localizó otra gasolinera, al otro lado de la carretera y se dirigió hacia allí, explicando su situación.

El encargado de la gasolinera se apiadó de él y convino en darle unos pocos litros gratis.

El hombre preguntó: «¿Puede darme el dinero en vez de la gasolina? La gasolinera de enfrente es más barata».

Mientras no tenemos algo, nos parece muy valioso y mantenemos una actitud piadosa. En el momento en que llega a nuestras manos, pierde su valor y pasamos a... ¡otra plegaria!

Siempre vivimos con una actitud de «qué más». Por ello somos incapaces de sentir gratitud.

Por ejemplo, si vamos a una tienda y vemos un modelo nuevo de reloj despertador, con algunas características nuevas, inmediatamente consideramos que nuestra vida sería mucho mejor con esas nuevas características. Sentimos que la calidad de nuestra vida cambiaría si pudiéramos echar mano de esas características. Sentimos que seríamos mucho más eficientes con ese reloj en nuestras vidas. Así que lo compramos y nos lo llevamos a casa.

¿Qué pasa al cabo de unos días? ¡Ni siquiera tendremos tiempo para limpiar ese reloj tan valioso! El pobre se quedará en algún sitio cubierto de polvo e incluso te reñirán por haberlo comprado y ¡llenar la casa con otro chisme! ¡Y tú también habrás pasado a desear algún otro aparato, a otro deseo!

Siempre sentimos que algo que no tenemos es tan grande como una montaña sin la que no podremos sobrevivir, pero cuando acabamos consiguiéndolo, se convierte en algo muy pequeño. Así es como se nos escapa la maravillosa actitud de gratitud en nuestras vidas. No hacemos más que correr tras el «qué más».

Bhagavan Ramana Maharshi, maestro iluminado de la Bharat, le dice a Dios: «Qué inteligente he sido. Te he dado todo lo que tenía, toda mi vida, llena de sufrimiento. ¡Y tú, compasivo, a cambio me has dado tu presencia dichosa!».

Bhagavan le dice a Dios que es más inteligente que el propio Dios ¡a causa de su inteligente intercambio! ¡Así es su adorable sentido de la gratitud hacia la Existencia!

Otra anécdota sobre Sri Ramakrishna Paramahamsa:

Se dice que siempre que Ramakrishna veía a alguien del lugar de Chaitanya Mahaprabhu, se postraba a sus pies.

Chaitanya Mahaprabhu fue un gran maestro iluminado de la Bharat.

En una de esas ocasiones, cuando Ramakrishna se postró a los pies de alguien, la gente a su alrededor le preguntó por qué se postraba a los pies de mortales ordinarios.

Contestó: «El que sean ordinarios o extraordinarios no importa. Son de Baanigaati, donde Chaitanya interpretó un importante sankirtan. En el momento en que me entero de que son de allí, el nombre me trae recuerdos de Chaitanya; con eso basta. Les expreso mi gratitud postrándome a sus pies por haberme recordado a Chaitanya. De no haberlos conocido, en esos momentos, pudiera haber pensado en otra cosa más indigna. Son, por lo tanto, instrumentos a través de los que prenden en mí recuerdos e ideas divinas».

¡Esa fue la contestación de Ramakrishna!

Por provocarle recuerdos acerca de Chaitanya, ¡Ramakrishna se postraba a sus pies! ¿Puedes imaginarte algo así en la actualidad? Eso es lo que implico cuando digo que todo y todos deben ser considerados con gratitud por lo que hacen. Todos son parte de la Existencia y se mueven con cierta sincronicidad, orquestada por la Existencia. Cuando somos sensibles a eso, podemos sentir gratitud por la manera en que suceden las cosas.

Es necesario que nos impregnemos de ese sentido de la gratitud de los grandes maestros. Es lo único suyo de lo que necesitamos impregnarnos; el resto sucederá automáticamente, porque cuando te impregnas de eso, el poder de coincidencia hará que las cosas sucedan para ti y la Existencia te obsequiará. Pero en la actualidad, las cosas son muy distintas.

Escucha esta anécdota:

Un mendigo detuvo a un hombre en la calle y le preguntó: «Hace dos años solía darme 20 rupias. Durante todo el año pasado solo me dio 10 rupias y los últimos meses solo me ha dado 2 rupias. ¿Por qué?».

El hombre contestó: «Primero estaba soltero, luego me casé y ahora he tenido un hijo. Esa es la razón».

El mendigo gritó: «¿Qué? ¿Está usando mi dinero para mantener a su familia?».

El mendigo dice: «¿Está usando mi dinero para mantener a su familia?». En realidad, muchos de nosotros consideramos que es de cajón esperar que otra persona se ocupe de nosotros y de nuestras necesidades. Y lo damos por sentado.

Comprende que no podemos subestimar a nuestro propio padre, ni a nuestra propia madre, ni el esposo o la esposa.

Así que comprende que cuando cambies tu actitud, pasando de buscar el descontento, las preocupaciones y la depresión, a entrar en el presente con gratitud, automáticamente podrás aprovechar mejor la energía de la Existencia. Podrás apreciar mejor la Existencia y la gratitud se convertirá en tu actitud.

Un hombre fue al mercado a comprar verduras para su esposa.

Compró ocras, volvió a casa y se las mostró a su esposa.

La esposa vio las ocras y dijo: «¡Oh! Están demasiado maduras, no voy a poder cocinarlas».

El hombre fue al mercado al día siguiente y compró algunas ocras, eligiéndolas con cuidado en esta ocasión, regresando a casa y enseñándoselas a su esposa.

La esposa dijo: «¿Qué has traído? Están demasiado tiernas para preparar el plato que tengo pensado».

Al día siguiente, el hombre regresó al mercado y le rogó al tendero: «Por favor, póngame algunas ocras buenas, que no estén demasiado maduras ni demasiado tiernas».

El tendero eligió las mejores ocras y el hombre se las llevó a casa, mostrándoselas a su esposa.

La mujer las vio y dijo: «¿Qué? ¡Has vuelto a traer ocras hoy también!».

Cuando damos las cosas por sentadas, nunca manifestaremos aprecio de manera espontánea. Nunca apreciaremos nada, incluyendo nuestras relaciones.

Otra anécdota:

Un hombre llegó a casa de trabajar y encontró a su esposa de un humor terrible. Ella se dirigió a él gritándole: «Ahora que por fin tenía enseñada a la muchacha para que hiciera las tareas de la casa, ¡se ha ido!».

El hombre preguntó comprensivo: «¿Por qué razón, querida?».

Ella contestó: «¡Pues la razón eres tú! Dice que le hablaste de una manera tan grosera por teléfono que sintió que debía proteger su dignidad y se marchó!».

El hombre se quedó pasmado y balbuceó: «¡Pero si creí que hablaba contigo!».

Siempre subestimamos las relaciones. Aprende a tratar a cada individuo como una parte del todo y a sentir gratitud hacia él; nunca volverás a subestimar a nadie. Podrás venerar y respetar a todos y cada uno por ser una parte de la Existencia.

Cuando no des las cosas por sentado, podrás contar tus bendiciones. Si te sientas y lo analizas, ¡te darás cuenta de que siempre contamos lo que no hemos recibido! Por muy obsequiados que hayamos sido, ¡no somos felices porque pensamos en las cosas que todavía no tenemos!

Imagina si tuvieras que sentarte y hacer una lista de las cosas que te parece que te han llovido en la vida. Puedes empezar la lista con tus propios ojos. Como dijera antes, ¿sabes cuánta gente no ha sido bendecida con la capacidad de ver? ¿Puedes siquiera imaginar lo que sucedería si un día te despiertas y te das cuenta de que estás ciego? ¡Ni siquiera podrías levantarte de la cama para ir al excusado! Todas las tareas que antes realizabas ingratamente ahora demandarían todo tu esfuerzo.

Sea como fuere, si empezaste a escribir una lista de las cosas que se han dado en la vida, debería ser muy larga. Una vez que acabes la lista, empieza otra lista de las cosas que te parece que no se te han concedido. Esa también será una larga lista... ¡Una lista muy larga! Probablemente empezaría con un Mercedes Benz y acabaría ¡siendo más larga que el propio Mercedes! Ambas listas serán interminables, infinitas de hecho, si las redactas con sinceridad, sin dejarte nada.

Muy bien, ahora tenemos dos listas frente a nosotros. Depende de nosotros decidir en cuál de ellas vamos a concentrarnos. ¿Vamos a fijarnos en las cosas que no se nos dieron y convertir nuestras vidas en algo triste y muerto, o nos fijaremos en las cosas con las que nos han obsequiado y disfrutaremos, haciendo hermosas nuestras vidas? ¡Es decisión nuestra!

Una persona que subestima todo se fijará en la segunda lista con codicia y descontento. Cuando eres avaricioso automáticamente solo puedes sentir descontento, porque tu avaricia no tiene fin y ¡por lo tanto nunca estarás satisfecho! Sea como fuere, esta persona se pierde totalmente la alegría de la vida que aparece en la primera lista.

Todo lo que le sale al paso, tanto si es pequeño como grande, le parecerá ordinario y solo esperará que ocurra la siguiente cosa. Y cuando eso suceda, también le parecerá ordinaria ¡porque ya estará pensando en la próxima!

Mientras que una persona que está siempre agradecida, ¡ni siquiera conocerá la existencia de la segunda lista! Solo sabe sentir y respirar gratitud a cada instante. Para ella, la vida es una celebración eterna. Se sentirá muy ligera y alegre. Será una maravilla observarla. Transpirará una belleza única y propia.

Sentirse agradecido todo el tiempo, hace que incluso las cosas llamadas mundanas en la vida ¡pueden tornarse sagradas y maravillosas! Te digo que crees que la vida se ha hecho mundana solo a causa de tu actitud de subestimar las cosas. La vida no es mundana como imaginas. Cada cosa es hermosa por pequeña que sea. Lo que es mundano es tu mente; tu mente no te permite penetrar y observar la manera tan hermosa en que fluye la Existencia.

Tu mente se ha convertido en un patrón muerto que repite constantemente: «¿Y qué más?».

Cuando puedes observar las cosas con una actitud maravillada, sobrecogido, te llenas de gratitud y satisfacción porque en ese momento no estás cuestionando nada. No permites que tu mente juegue. Simplemente reverberas con tu corazón. Es entonces cuando te conviertes en un niño, y cuando te conviertes en niño, nada es mundano: ¡todo es maravilloso!

Aprende a observarlo todo con gratitud y respeto. Toma tu propio cuerpo como ejemplo. Ahora intenta este corto ejercicio. Siéntate y cierra los ojos. Visualiza que te has cortado el dedo meñique de la mano derecha a causa de un pequeño accidente. Imagina que ahora tu meñique solo tiene una longitud de tres cuartas parte de lo que solía. No eres consciente de ninguna otra deformidad en tu cuerpo. Tienes un cuerpo perfecto. Y de repente, te cortas el meñique.

¿Cuál será tu reacción? Te resultará muy difícil digerirlo. En cualquier tarea sencilla en la que utilizas la mano, el meñique desempeña un papel. ¿Qué te sucederá? Puedes llegar incluso a deprimirte.

Ahora piensa en cuánta gente hay en este mundo con tantas deformidades. ¡Cuánta gente que ni siquiera tiene los cinco dedos! Aunque solo sufras una pequeña minusvalía en todo tu cuerpo, habrá algún aspecto de la vida del que no podrás disfrutar.

Intenta pasar unos pocos minutos cada día en tu habitación, a solas, palpando cada parte de tu cuerpo con amor, y agradeciendo a esa parte que te permita disfrutar de tantas cosas en la vida.

¿Alguna vez has pensado en tu cuerpo de esa manera? ¡Cuánto subestimas tu propio cuerpo! Lo maltratas mucho. Algunos de nosotros incluso odiamos el cuerpo porque nos parece que no es suficientemente bello. Te digo que si practicas ejercicio a diario y sientes un amor y gratitud profundos por cada parte de tu cuerpo, verás que todo tu cuerpo y rostro resplandecerán con una nueva luminosidad.

Tu cuerpo responde a tu mente. Nunca lo descuides ni lo subestimes. Después de todo, solo puedes disfrutar de tantas cosas gracias al cuerpo. Incluso tú, que has venido hasta aquí hoy y estás escuchando esta charla descansadamente, necesitas que todas las partes de tu cuerpo funcionen de manera adecuada.