P: ¿Y qué pasa con el amor entre una madre y su hijo? ¿No es amor desinteresado?
Ni siquiera el amor materno se libra de las expectativas. En muchas ocasiones, la gente me lo ha discutido. Permite que te diga que una madre ama a su hijo correctamente. Pero a fin de cuentas, existe una expectativa no escrita acerca de ese amor. Si el hijo provoca una pequeña fricción, las primeras palabras que aparecerán serán para decirle todo lo que ella ha hecho por él desde la infancia. Una pequeña merma en la relación basta para que todo explote.
El amor verdadero es la expresión de la energía Existencial en ti, y ese amor no puede nunca pensar en ese tipo de argumentos. Solo sabe fluir sin causa, sin razón. No necesita mantener ningún historial.
En el momento en que citas incidentes del pasado, quiere decir que siempre hubo expectativas ocultas en tu amor y cuando ese es el caso, nunca puede ser auténtico amor.
Lo mismo sucede en el caso del hijo. El hijo ama a la madre, esperando que le cuide, que le recoja a las cinco en el colegio y le prepare la fiambrera de la comida, esperando que se ocupe de su ropa, sin falta, todos los días. Él adora a su madre porque disfruta de los cuidados, del lujo.
Una anécdota:
Un niño aprendía quebrados en el colegio.
Un día la maestra le preguntó: «Si tenemos un pastel y lo dividimos en cinco porciones y se las damos a cada uno de los miembros de tu familia, cuántos trozos de pastel te tocarán a ti?».
El niño contestó: «Dos y medio, señorita».
La maestra le preguntó: «¿Cómo? ¿No has estudiado los quebrados?».
«Es que, señorita, si me gusta, mi mamá me dará su trozo», contestó el crío.
Las madres quieren sacrificarse por su hijos, de acuerdo, pero de lo que hablamos es de la actitud con la que se sacrifican. Deberían hacerlo sencillamente a causa de un desbordamiento de amor en ellas, no a causa de expectativas ocultas. Los sucesos nunca quedarían registrados, no llevarían un historial si lo hicieran a causa de ese desbordamiento. Y aunque lo registrasen, no lo sacarían a modo de venganza cuando las cosas se pusieran difíciles.
El amor común siempre florece a partir de expectativas. Nadie puede negarlo, aunque todo el mundo lo intente. Las expectativas en el amor están tan bien entretejidas que resulta difícil percibirlas. Ese es el problema.
En realidad, mientras las cosas vayan bien, resulta difícil creer lo que estoy diciendo. Pero hemos escuchado tantos casos de hijos e hijas dados por perdidos en las familias por razones peregrinas... Simplemente porque se casaron fuera de su comunidad, o porque hubo alguna desavenencia en la familia. ¿Cuándo desapareció súbitamente todo el amor?
Hasta que esos incidentes tuvieron lugar, el hijo o hija fueron muy queridos. ¿Qué es lo que sucedió de repente? ¿Cómo es posible que desapareciese todo el cariño si era amor de verdad? El amor verdadero nunca tiene fin porque no depende de ningún ciclo de causa y efecto. Incluso en situaciones familiares difíciles, si observamos atentamente, comprenderemos lo limitado que es ese amor. Intenta reordenar algunos aspectos de tu vida, y observa cómo reacciona tu familia ante ello.
Mientras te ocupes de tus hijos en nombre del amor, ellos también disfrutarán de ti, en nombre del amor. Mientras no tengáis roces, todo estará bien. Si alguna de las partes se comporta de forma inesperada, el clima afectivo cambia, el aroma cambia.
El amor que está siempre amenazado no es verdadero amor. No es más que amor organizado. Y nada organizado puede ser total. Y cuando algo no es total siempre está sometido a amenazas. El amor ha de ser una celebración total, no un deber.
Respeto no es amor
Una cosa más: todos confundimos amor con respeto. Cuando amas totalmente, nada de lo que hagas parecerá irrespetuoso. Ya ves, cuando observes de cerca muestras de respeto descubrirás que algunas personas hacen ciertas cosas, que parecen absolutamente normales, mientras que lo mismo, hecho por otra persona, parecerá irrespetuoso. La energía tras la persona que realiza la acción es lo que causa que esta pueda parecer respetuosa o lo contrario.
Cuando la energía que te impulsa es total, cuando eres una pura energía de amor, entonces puedes hacer lo que quieras. Cuando no te sientas seguro de ti mismo, te verás atrapado en los problemas del respeto. No te estoy pidiendo que seas irrespetuoso. Solo estoy diciendo que cuando tu ser reverbera de amor, tu lenguaje corporal hará que tus acciones nunca parezcas irrespetuosas.
Pero si te quedas atrapado en el respeto en lugar del amor, te estarás equivocando. Entonces, en lugar de ser cariñoso, empezarás a pretenderlo, y cuando uno pretende algo, no es íntegro, total.
Cuando te centras en el respeto pretendes porque el respeto es social y va cambiando en su definición. Pero si te centras en el amor, entonces el respeto se convierte en un agradable derivado. Así que céntrate en el amor y el respeto sucederá de manera automática.
Recuerda: el respeto está muerto. El amor está vivo. El respeto crea distancia; el amor desconoce las distancias.
La gente está educada para ser temerosa y sentir respeto por Dios. Nunca les enseñaron a amar a Dios. No se les permite tocar a los ídolos en los templos. Se espera de esas personas que se mantengan a cierta distancia y que hagan una reverencia. Se les enseña a ser temerosos de Dios. Comprende que lo primero que habría que enseñarles a los niños es a amar a Dios.
Si no puedes abrazar a Dios, ¡no queda nada que abrazar, porque Dios lo es todo! Cuando enseñas a tu hijo que no puedes abrazar a Dios, en realidad le estás enseñando que Dios es distinto del resto. Al poner a Dios en un pedestal, estás alienando a tu hijo de la totalidad de la Existencia.
Demuestra algo de inteligencia social y juega al respeto de una manera inteligente cuando este sea necesario. Eso es todo. Ten en cuenta que este tipo de respeto tendrá lugar en medio de una profunda conciencia e inteligencia. No por ello serás menos cariñoso y afectuoso.
Una anécdota:
Una madre acudió con su hija a una función pública. En un momento dado, perdió a la hija y acabaron separadas en la multitud. A la madre le entró mucho miedo y empezó a buscar a su hija por todas partes. De repente escuchó una voz a su espalda: «¡María, María!». Se volvió y vio a su hija. Corrió hacia ella, la abrazó y preguntó: «¿Pero por qué me has llamado María en lugar de mamá?». La niña dijo: «No hubiera servido de nada. ¡Este sitio está lleno de madres!».
Los niños siguen centrados en sí mismos y están más vivos y atentos que nosotros. Su inocencia, su amor, su lenguaje corporal habla por ellos, no sus palabras. Por eso, todo lo que dicen o hacen parece siempre inocente, nunca irrespetuoso. Una vez que la mente se adentra en los condicionamientos sociales, la inocencia desaparece. Entonces hemos de empezar a utilizar palabras y pretensiones.
Cuando el amor se convierte en un deber, pasa a ser una carga. Y cuando se convierte en una carga, deja de ser una celebración; estarás siempre bajo presión para mantenerlo.