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Soluciones garantizadas Para la lujuria, el miedo, la preocupación…

Aprovecha al máximo los mensajes del maestro

P: Una y otra vez, los maestros intentan inspirar en nosotros rasgos como un amor libre de celos, una mejor comprensión y actitudes acríticas. ¿Por qué no se manifiesta en nosotros esa comprensión?

Verás, aquí hay un par de cosas: cuando podemos captar los mensajes de los maestros y llevar a cabo un esfuerzo sincero para transformarnos a nosotros, ¡hemos seguido el hilo correcto y nos sumergimos en la dicha! Pero los problemas comienzan cuando empezamos a dar importancia a la personalidad del maestro.

Si sigues las enseñanzas del maestro te convertirás en un fruto espiritual. Si te apegas a su personalidad, seguirás siendo un chiflado religioso. Los chiflados religiosos son quienes crean confusión y conflictos en la sociedad.

Tanto si se trata del mensaje de Krishna en la Bhagavad Gita o del mensaje de Mahoma en el Sagrado Corán o del mensaje de Cristo en la Sagrada Biblia, el mensaje sigue siendo el mismo, solo varían las expresiones. Sigue al maestro que hayas tenido la fortuna de conocer. Pero cuando sigas a Krishna, si este se torna más importante que la Bhagavad Gita, te estarás creando problemas a ti mismo y a los demás.

Cuando Krishna y Cristo se encuentran, probablemente se abrazan. Pero cuando se encuentran las vacas de Krishna y las ovejas de Cristo, ¡seguro que acaban peleándose!

Cada parte intenta difundir la paz proclamando que la filosofía de su maestro es la mejor. ¿Y qué pasa? Pues que en lugar de difundir la paz, ¡nos fragmentamos!

Los maestros aparecen en el planeta Tierra a causa de su compasión por la humanidad. ¡Pero los seres humanos a veces se las ingenian para sobrevivirles!

La otra manera de transformarse rápidamente es, en lugar de señalar a los demás o de esperar que llegue un buen momento para empezar a practicar, es empezar a practicar a partir del instante mismo en que escuchamos el mensaje, y a nuestro alrededor empezarán a suceder cosas automáticamente.

Por ejemplo, te digo que empieces a amar las plantas, los animales, los árboles y a los humanos de igual manera. En lugar de esperar a que llegue un momento propicio para empezar a practicarlo y acabar olvidándolo, podrías empezar a practicarlo ahora mismo.

La manera más sencilla de empezar pudiera ser evitar maltratar a la naturaleza mientras caminas por la calle o en tu propia casa. Cuando caminamos, algunos tenemos la costumbre de romper ramitas y de arrancar flores. Puedes dejar de hacerlo conscientemente y observar todo eso con más conciencia y amor.

Esa es la manera de no perderse las enseñanzas de los maestros.

¿Pero qué haces? Escuchas las charlas de los maestros o lees algunos de sus libros y dices: «Qué gran orador es», y te olvidas del asunto. O bien aconsejas a algunos de tus amigos que escuchen las charlas, y luego simplemente vuelves a hacer las cosas como siempre. ¿Qué remedio tiene eso?

Comprende, por favor: no quiero que te dediques simplemente a predicar mis enseñanzas; también quiero que las practiques.

Escucha esta anécdota:

Un hombre marchó a África de vacaciones.

Un día caminaba por el patio trasero cuando vio que un león se le echaba encima. Hizo un rápido quiebro y el león fue a caer en el bosque cercano.

Al día siguiente, el hombre volvió a salir a caminar y el león apareció y volvió a atacarlo, pero otra vez hizo una finta y el león fue a parar todavía más lejos en el bosque.

Al día siguiente el hombre se quedó dentro de casa y miró fuera para ver si atisbaba al león.

Vio al león tras una mata.

Para su sorpresa, ¡observó que el león practicaba saltos más pequeños!

Ya lo ves, cuando aplicas el conocimiento que obtienes, puedes desarrollarte en la vida. Cuando simplemente quieres recopilar conocimiento, no tiene utilidad. Si te vas a dedicar únicamente a recopilar conocimiento, entonces solo se desarrollará tu memoria, no tu ser.

Los maestros manifiestan la verdad esencial que nadie más puede expresar.

Se parece a esto: hay un vasto y denso bosque que intentas explorar con una linternita, que es tu mente.

Con la luz de la linternita ves a unos pocos pasos por delante y consideras que lo que ves es verdad.

Eso es lo que hacen los científicos. Ven unos cuantos pasos por delante y salen con una teoría.

Al cabo de un tiempo, avanzan unos pocos metros con esa luz y ven otros cuantos pasos por delante y ven algo más.

Así que descartan la verdad que declararon hoy y sacan otra nueva.

Hay que tener claro que lo que era verdad hoy pero deja de serlo mañana, tal vez no fue verdad ni siquiera hoy.

Sea como fuere, así es como intentan explorar un espeso bosque con su mente.

¡Pero ahora imagina que un relámpago hace que todo el bosque se torne visible en un instante!

Entonces conocerás todo el bosque y podrás explicar las cosas cuando sea necesario hacerlo.

¡De eso es de lo que trata la iluminación! Es ver todo el bosque en un relámpago. Así que los maestros iluminados conocen la verdad esencial.

En la mayoría de teterías de las aldeas remotas de Bharat puedes observar una escena familiar. Cada día acuden algunos de los clientes habituales para hablar de las grandes filosofías del mundo. Esa gente le da vueltas, mastica y digiere a todos los Dioses principales, maestros y políticos.

Se hablará de todas las atrocidades perpetradas en la ciudad, sin excepción. Todo el mundo será cribado con lupa por su falta de orden y disciplina. Finalmente, el hombre que habló de todo eso acabará su té y se marchará diciendo ¡que pagará al día siguiente!

El hombre que ni siquiera podía pagar su té se sienta en el banco de la tetería, leyendo el periódico desde la primera página a la última, juzgando todo lo que lee. ¡Ni siquiera el editor se leerá el periódico de cabo a rabo!

Así pues, empieza a practicar. El sabio Patañjali de la antigua Bharat, dice: «Si puedes flexionarte 5 pulgadas hoy, intenta flexionarte media pulgada más mañana». Así es como deberías trabajar de manera sostenida para poder experimentar la verdad que te ofrezco. De otro modo, serás como la gente de las teterías. Ellos hacen que los bancos de la tienda se comben, mientras que tú causas agujeros en las esteras, ¡y eso es todo!

El problema suele ser que cuando escuchamos palabras de sabiduría, siempre creemos que son exactamente aplicables a nuestro amigo o familiar, ¡que también escucha la charla! Esperamos secretamente que capte el mensaje. ¡Pero nos lo perdemos nosotros mismos! Recuerda: aunque haya mil personas en la sala, yo te estoy hablando a ti.

Cada una de mis palabras está impregnada de una energía adecuada para ti. Así que por favor, no escuches esas ideas en tu mente. Sobre todo cuando acuden a escuchar maridos y esposas, y cuando digo algunas cosas relativas a sus vidas prácticas, el marido piensa que ella debería escuchar esto y la esposa se dirá a sí misma que el marido ¡debiera estar escuchando! Al final, ambos se lo pierden.

La naturaleza inherente del ser humano es acumular dinero y objetos materiales. En cierto momento de su vida comprende que hay cosas que no puede conseguir con dinero. Así que automáticamente disminuye el ritmo con el que se dedica a ganar dinero. Luego empieza a recopilar palabras o conocimiento intelectual. Ese proceso parece no acabar nunca. Cada vez quiere más y más palabras.

Quien haya dejado de acumular riqueza y palabras hallará el verdadero conocimiento. A menudo hacemos preguntas no porque en realidad deseemos conocer la respuesta sino simplemente porque ambicionamos más palabras o porque queremos demostrar que sabemos algo.

Si buscas en lo más hondo de ti mismo verás que solo surge una pregunta, que es la única pregunta original para ti. Si esa pregunta haya respuesta, ¡te iluminarás!

Un hombre me preguntó: «Swamiji, ¿qué es Dios?».

Cambié suavemente de tema y le pregunté acerca de su familia y su negocio.

Habló durante casi dos horas. En esas dos horas, no regresó a la pregunta inicial ni una sola vez.

Al final le dije: «Ayyah, cuando llegó me hizo una pregunta. No se la he contestado porque no es una pregunta que proceda de lo más profundo de sí mismo».

Si la pregunta surge de lo más hondo de nosotros, nunca la olvidaremos ni descansaremos hasta que la respuesta nos satisfaga. Algunas personas hacen preguntas, se responden a sí mismas ¡y luego me preguntan a mí!