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Soluciones garantizadas Para la lujuria, el miedo, la preocupación…

Cómo complicamos el amor

Cuando Vivekananda dice: «¡Levanta! ¡Despierta!», ¿quiere decir que estamos dormidos? ¡Pues claro! Estamos dormidos sin saber que lo estamos. Y no hacemos más que emitir juicios mientras seguimos dormidos. Criticamos mientras estamos dormidos. Condenamos cuando dormimos. Creemos estar despiertos y criticamos. Creemos saberlo todo sobre todo, incluyendo el amor.

Una anécdota:

Un hombre tenía una tía rica a la que visitaba regularme.

Codiciaba su riqueza y hacía lo posible por contentarla.

La mujer tenía dos gatos, a los que adoraba.

El hombre lo sabía y se ocupaba religiosamente de los gatos esperando ganársela. Su deseo secreto era que le incluyese en su testamento cuando lo redactase.

Iba a verla a diario, daba leche a los gatos, jugaba con ellos, pasaba mucho tiempo allí y luego se iba.

La anciana estaba muy satisfecha de la manera en que se ocupaba de los gatos. No tardó en fallecer. En su testamento le dejó los dos gatos.

¡Puedes imaginarte la desilusión de aquel hombre! ¡Debe de haberse sentido engañado.

Con el amor ordinario, tienes muchas posibilidades de sentirte engañado. La gente ama por dinero, por los favores que obtiene, por los consejos que les dan, por los descuidos de los demás, que pueden explotar... y por cualquier cosa. El amor siempre tiene una razón.

Pero la gente nunca lo reconoce. No lo acepta porque se autoengañan con su amor ordinario. Piensa que así es como es el amor. Y esas personas creen que mientras ellas son tan cariñosas yo no hago más que despreciar su amor.

Seamos honestos. Si te sientas y piensas un poco por ti mismo, comprenderás que lo que estoy diciendo es verdad. Lleva a cabo una investigación honesta en ti mismo y observa. No tienes más que sentarte e intentar visualizar cómo reaccionarías si tu padre, tu madre o tu hermana actuasen de una manera distinta contigo. Entonces entenderás de qué hablo.

Todos estamos todo el tiempo necesitando algo de alguien y por lo tanto siempre estamos preparando el terreno para obtenerlo como si nada. Ese como si nada, esa manera suave de intentar conseguir cosas es lo que llamamos amor. Y no creas que eso sea solo aplicable a la riqueza material. Incluso cuando esperas que el comportamiento de alguien sea de una manera determinada, actúas siguiendo esa pauta con esa persona. Mientras ambos os comportéis de ese modo, os amaréis. Si alguien mete la pata en algún momento, ¡el amor disminuye!

Fíjate en mí, por ejemplo. Afirmas que me quiere mucho. Todos los presentes tienen una idea particular acerca de cómo comportarse conmigo. Yo simplemente me comporto con cada uno de acuerdo con ello.

Eso es lo que sucede ahora. ¿Qué sucede? Si aunque solo sea en una ocasión no te sonrío o te digo algo que no encaja en tu marco referencial, empiezas a pensar que ya no te quiero.

Empiezas a pensar que quizás no sea tan afectuoso. Empiezas a imaginar por qué te diría lo que te dije, o por qué no te sonreí.

Quizás estaba hablando con otra persona, o quizás me limité a no sonreírte, a dejar que tu ego se asentase un poco, ¡eso es todo! Pero tú no te enteraste de nada y empezaste a interpretar mis actos según lo que pone en tu diccionario del amor. ¿Qué pasará? Acabarás sintiéndote fatal.

Así es como sencillamente complicas el amor. Al menos cuando me llega a mí, ¡por mi parte no hay ninguna complicación añadida! Imagina lo que sucedería cuando dos empezáis a relacionaros de esa manera... ¡Un caos absoluto! ¡Estarías todo el tiempo yendo de amor de baja intensidad u otro más elevado, para volver a caer! ¡Y eso es todo!

La gente me dice: «Swamiji, nosotros amamos a nuestros hijos...».

¿Cuántas veces les habéis maldecido cuando se portaban mal? Una chica me decía en el ashram: «Swamiji, mi madre solo quiere a mis hijos si se portan bien. Quiere que le lleve a los niños para enseñarles los nietos a sus amigos y ¡luego me riñen por el caos que crean!»,

Cuando observas a los niños, te sientes atraído por su inocencia. Eso es una cosa. La segunda cosas es que te hacen sentir orgulloso, proporcionan un estímulo egoico, al ver que son tu creación. Y claro, te ocupas de ellos y les haces felices. Pero lo que estoy tratando de decir es que ese amor también tiene limitaciones y preferencias. Es muy subjetivo y depende de la manea en que se comportan.

Una anécdota:

Un hombre trabajaba en un camino poniendo hormigón.

Acababa de finalizar su trabajo cuando llegó corriendo un grupo de niños del barrio y llenó el hormigón de pisadas.

El hombre se enfadó y les maldijo.

Su amigo le preguntó: «¿Pero qué te pasa? Creía que te gustaban los niños». «Sí, me gustan, pero no corriendo por el hormigón», contestó.

¡El amor ordinario siempre llega con una condición bajo el brazo! Con letra pequeña. Eso es lo que intento explicar. Amamos a la gente dependiendo del nombre, el lugar, las costumbres y las situaciones.