La Existencia está más allá de la lógica
La espiritualidad trata de comprender la armonía perfecta, la profunda conexión entre el ser humano y la Existencia. Cuando lo comprendas y abandones tu lucha, fluirás como un río. El río seguirá su curso y desembocará en el poderoso océano. Solo necesitas soltar, eso es todo.
No digo que debas sentarte en un rincón y que acabarás siendo arrastrado por algún río. Lo que estoy diciendo es que lleves a cabo tu tarea con una fe firme en que existe una fuerza vital que está dirigiendo este universo y que también se ocupa de ti, que hace que la respiración entre y salga de ti. Con eso basta.
Simplemente deriva la responsabilidad hacia una autoridad superior y relájate. ¡Entonces vivirás como un rey! Entonces empezarás a escuchar la música sincronizada del río de la Existencia llevándote, de la armonía entre ti y la Existencia. Esta armonía es con lo que te has de armonizar. Y entonces, ¡todos tus problemas desaparecerán!
Sí ya sé, no existen pruebas de que la Existencia se ocupe de nosotros. Algunas cosas no se pueden demostrar. ¿Puedes demostrar que el Este es por allí? ¡No! ¿Puedes demostrar el fenómeno del amanecer y la puesta de sol? ¡No! Solo puedes experimentarlo. ¿Lo desmiente el que no puedas demostrarlo? ¿Puedes impedir, mediante la ciencia, que el sol se ponga y amanezca a diario?
Comprende que la Existencia es lo único que está más allá de la lógica. Si puedes demostrar la Existencia con lógica, entonces querría decir que la lógica es más importante que la Existencia, ¡y eso es imposible!
Un hombre me preguntó: «Swamiji, ¿para ser espiritual debo convertirme en hinduista?». ¡La pregunta me dejó helado! Le dije que no tenía que convertirse en hinduista. Tenlo claro: todo lo que limita tu campo de percepción no tiene nada que ver con la espiritualidad. Esta es siempre totalizadora.
Abandona toda noción sobre «soy esto» y «soy lo otro». Mantén tu vida abierta. Esa es la base de la espiritualidad. Fíjate: una persona que está siempre dentro de una habitación cerrada no sabe nada del aire libre ni de la brisa. Tendrá pensamientos limitados. En el momento en que te impongas ese tipo de restricciones, no llegarás a conocer el amor infinito y la compasión que albergas en tu interior. Sólo conocerás la preocupación y la queja. No florecerás.
Al Buda le preguntaron en una ocasión qué tipo de infierno sufría la gente no compasiva. Y contestó: «¡No puedes meterlos en el infierno porque ya lo están!». Una vez que estás en el infierno, creas infiernos para los demás, porque solo puedes ofrecer lo que tienes.
Una anécdota:
Una madre y un hijo discutían acaloradamente y ella le preguntó: «¿Es que tienes algo de cerebro?». El hijo se rió. La madre le preguntó de qué se reía. El chico contestó: «Solo cuando alguien carece de algo, ¡se lo pide a los demás!».