P: Pero no nos preocupamos intencionadamente. ¿Por qué dice entonces que causamos nuestras propias preocupaciones?
El estar preocupado se ha convertido en el estado inconsciente de tu mente. No tienes que prestarle ninguna atención. Simplemente sucede, ¡eso es todo! No has de realizar un esfuerzo consciente; está ahí, en ti, todo el tiempo.
Una anécdota:
Una mujer llamó a la recepción de un hotel y pidió ayuda a gritos.
La recepcionista fue a su habitación.
La mujer le gritó: «Veo a un hombre desnudo en la ventana de la otra habitación».
La recepcionista miró por la ventana y vio a un hombre de pie con la parte superior del cuerpo desnuda.
Le dijo: «Señora, solo es la parte superior del cuerpo. ¿Cómo puede saber que está desnudo?».
La mujer gritó: «¡Súbase al armario y lo verá!».
Aunque todo esté bien, ¡buscamos preocupaciones con una linterna! No lo hacemos intencionadamente. Lo hacemos de la manera más natural. ¡Y ese es el problema! Nuestro estado mental ha de dar un giro de 180 grados.
Otra anécdota:
Un policía realizaba su ronda nocturna cuando vio una vaca muerta en mitad de una calle.
Empezó a arrastrar el cuerpo del animal hacia una calle secundaria.
Un viandante le preguntó por qué arrastraba al animal muerto de aquella manera.
El policía contestó: «Cuando informe de esto mañana, me será más fácil porque sé qué calle es esa».
Como no sabemos ser espontáneos, ¡nos preocupamos continuamente! Complicamos las cosas en nuestra vida a fin de que encajen en nuestro marco referencial. No vivimos de manera fluida. Cuando vives con fluidez no has de trabajar innecesariamente. Lo único que haces es disfrutar y seguir adelante.
Por ejemplo, si ahora te digo que deberías sentirte siempre dichoso, ¡empezarás a preocuparte acerca de cómo ser dichoso! Solo sabes empezar algo preocupándote; ese es el problema. Por eso la mayoría de las veces que me preguntas algo, nunca te contesto nada concreto o con muchas palabras. Siempre te digo algunas frases abstractas para que tu mente no empiece a preocuparse, pero al mismo tiempo te proporciono la energía para que lo comprendas e implementes.
P: ¿Entonces cómo empezamos a hacer lo que nos dice si no empezamos a preocuparnos?
No tienes más que absorber la energía e inspiración que hay tras mis palabras y empezar a vivir en el presente. Eso es todo. Cuando dejas que la lógica haga aparición, los problemas surgen.
Solo has de sentir la energía tras mis palabras, lo que llamo el silencio, el silencio con el que intento entrar en ti todo el tiempo. Ese silencio acabará conduciéndote donde ha de llevarte. Nunca intentes comprender el verdadero significado de mis palabras. Tengo mi propio diccionario, ¡mientras que tú tienes el tuyo! Y no cuadra. Así que absorbe la energía. La energía es inteligencia. Te guiará.
Nunca te quedes con las palabras. Solo los intelectuales acérrimos coleccionan palabras y más palabras. Recopilan palabras y cada vez están más confusos. Recopilan palabras creyendo que en cierto momento lograrán cierta claridad, pero eso nunca sucede.
Todo lo que digo, aunque parezca contradictorio, es la verdad completa del momento en que la digo. Todo lo que digo es la verdad completa de ese momento en que hablo. Pero no puedes limitarte a inferir solo a partir de mis palabras. Así que de momento, simplemente acéptalas con ánimo de experimentar. Eso te proporcionará la energía e inteligencia para seguir.
Así que no escuches con el intelecto. Escucha en profunda meditación. Sea cual fuere tu emoción o camino en ese momento del tiempo, profundiza en él y escúchame. Basta con eso. Automáticamente te sentirás henchido de energía y claridad. Te estoy ofreciendo todos los secretos básicos.
Si te aferras a mis palabras, te preocuparás de que tal vez las olvides. Empezarás a anotarlas. Te digo que en el momento en que empiezas a anotar cosas, no estás entendiendo nada. Ni estarás absorbiendo la energía tras las palabras ni habrás anotado completamente todo. Irás a casa con un montón de notas garabateadas que días más tarde acabarán tiradas en algún rincón de tu casa. Luego, más adelante, cuando las vuelvas a mirar, no podrás darle ningún sentido a todo aquello.
Se parece a lo siguiente: digamos que lees un libro y retienes en tu cabeza únicamente las dos últimas páginas. ¿Serías capaz de componer todo el libro únicamente con esas dos páginas? ¡No! De la misma manera, no intentes anotar unas pocas palabras mías y trates a partir de ellas de recordarlo todo. Permanece totalmente presente mientras hablo. Basta con eso.
Esas palabras te penetrarán y harán el trabajo si estás totalmente presente. Así que escucha con tu ser, no con la mente. No te preocupes de olvidar esas palabras. Cuando entiendes algo y te transforma, nunca lo olvidas. Si lo olvidas querrá decir ¡que no lo entendiste!
No solo me refiero a mis palabras: no te aferres a nada. Si todos los momentos están de paso, si son pasajeros, ¿a qué puedes aferrarte? Si te aferras obtendrás desdicha tras desdicha. Tampoco tiene sentido pensar en el futuro. Todavía no ha llegado. ¿En qué piensas? El futuro también llegará solo en forma de presente. Así que concéntrate en el presente.
Cuando estás en el presente no has de elegir nada. La preocupación surge básicamente porque estás en el pasado o en el futuro y no dejas de elegir. Cuando decides no elegir y aceptar y beber totalmente la experiencia, entonces no hay de qué preocuparse.
La gente me dice: «Swamiji, me entra miedo cuando pienso que el mundo pudiera acabarse de repente».
¿Y qué, si el mundo se acaba? Si el mundo llega a su fin, todo el mundo acabará con él. ¡No quedará nada ni nadie para que alguien pudiera preocuparse por ello! Te preocupabas por adelantado solo porque en el mundo había algo de lo que preocuparse. Si el mundo mismo llega a su fin, entonces no habrá nada de lo que preocuparse. ¡Pero resulta que también te preocupa eso!
¿Te das cuenta de lo contradictoria que es la mente? Se preocupa si hay algo de qué preocuparse y también se preocupa si no hay nada de lo que preocuparse. ¡Pero a la vez quiere estar libre de preocupaciones todo el tiempo!
En realidad, todas tus emociones no son más que el juego del inconsciente en ti. Cuando vives con atención total, nunca te controlan las emociones. Por eso repito una y otra vez que te inundes de atención.
Ya lo ves, tus preocupaciones, tus palabras, realmente suponen la diferencia entre el éxito o el fracaso de tu vida. Han conseguido un enorme poder, para influirte a ti y a los demás. Por ejemplo, ¿qué pasa inmediatamente cuando digo la palabra «vaca»? En tu mente aparece una figura con 4 patas, 2 cuernos y una cola. Una simple palabra de 4 letras ¡puede hacer que en tu mente aparezca una imagen. Las palabras son muy poderosas. Cuando no respetamos las palabras y las utilizamos de manera errónea, estamos buscándonos problemas.
Una anécdota:
Birbal, un maestro iluminado, y Akbar, su rey, caminaban juntos por las calles. Vieron a un vendedor de sándalo y Akbar le dijo a Birbal: «No sé por qué me da la impresión de que debería colgar a ese hombre».
Un mes más tarde, pasaron junto al mismo vendedor de sándalo y en esta ocasión Akbar dijo: «Qué raro, ¡pero siento que debería darle a ese hombre una donación ahora mismo!».
Birbal contestó al cabo de un buen rato: «Hace un mes, el negocio del vendedor de sándalo estaba mal, cuando él os vio pasar y pensó para sí que si vos ibais a morir, los cortesanos vendrían a la tienda a comprar mucha madera de sándalo para vuestra pira funeraria. De él emanaron esas vibraciones negativas, que hicieron que vos sintieseis odio hacia él. Yo le compré inmediatamente mucha madera para hacer mesas y sillas para nuestro reino. Hoy, se siente muy agradecido hacia vos y habéis captado sus vibraciones positivas, y por eso ahora sentís que deberíais darle algo!».
Comprende que tus pensamientos tienen mucho poder. Por ello es importante que tengas pensamientos positivos y una configuración mental libre de preocupaciones.
P: Hay libros que dicen que «no hay que alterarse por cosas insignificantes». Pero los detalles importan, ¿no es cierto?
Cuando funcionas con inteligencia no caerás en la categoría de alterarte por cosas insignificantes.
Una anécdota:
Un joven fue a visitar a un amigo. Le encontró rascando el papel de la pared. Le preguntó: «¿Vas a volver a pintar?». El amigo contestó: «Me cambio de casa».
Ya lo ves, no puedes ignorar las cosas pequeñas. Pero deberías ser lo suficiente inteligente como para prestarles únicamente la atención que merecen, o empezarás a pasarlo más. No escuches a la gente que te diga que no hay que prestar atención a los detalles, a las cosas pequeñas. Recuerda que agujeros pequeños pueden llegar a hundir un barco grande. Opera con tu inteligencia y atención y sabrá cuáles son verdaderamente las cosas insignificantes.
Si estás convencido, si no albergas dudas de que necesitas hacer todas esas cosas insignificantes, automáticamente hallarás la energía para hacerlas. Cuando no estás del todo convencido, careces de la energía y convicción necesarias para dedicarte a ellas. Tu inteligencia no acabará de apoyarte, porque la inteligencia es energía y la energía es inteligencia.
Si te preocupas demasiado por cosas insignificantes, entonces hay algo que falla en algún sitio. Ten muy claro que de las autocontradicciones surgen todo tipo de desventuras. No tienes totalmente claro lo que quieres hacer y por eso eres incapaz de hacerlo. Para que llegue esa claridad es necesario que alimentes tu propia inteligencia.
Cuando aparece la inteligencia, las autocontradicciones desaparecen y empiezas a integrarte. Cuando empiezas a integrarte, la inteligencia se desarrolla más. Se trata de un ciclo en el que has de entrar. También es el ciclo que puede llegar a despejar tus preocupaciones.
Si realmente te interesa abandonar tu cháchara interior y tus preocupaciones, podrías intentarlo con un pequeño ejercicio. Piensa en todas las cosas que te alegran. Decide que solo permitirás que tu mente esté únicamente presente en esas cosas y en nada más. Obtendrás la energía necesaria para conseguir hacerlo y luego olvidarte. Intenta el ejercicio y comprobarás que conservas mucha energía.
Comprende que le has dado mucho poder a tus preocupaciones al hablar cada vez más de ellas. Por ejemplo, cuando un ama de casa descuelga el teléfono, empezará a contarle a su amiga que la asistenta de la casa no apareció ese día. Esa es su depresión ese día. Si te deprimes porque la asistenta no ha aparecido y realmente quieres dejarlo atrás, ¡entonces lo mejor es que hagas el trabajo tú misma! ¿No te parece más lógico?
¿Pero qué haces? No dejas de hablar sobre el tema, esperando que tu amiga empiece a alimentar tu depresión. Si no simpatiza contigo o si te dice que así es la vida y que mejor que pases a otra cosa, llamarás a otra amiga y le contarás ¡lo desconsiderada que fue la primera! Piensa y si realmente quisieras seguir adelante con tu vida, apreciarías las palabras de la amiga, ¿no?
¿Pero por qué reaccionas al contrario? La razón es que te sientes muy cómoda hablando de tus preocupaciones y no quieres encontrar una salida.
Si empiezas con este pequeño ejercicio, comprobarás que tus preocupaciones desaparecen y que adquieres una nueva configuración mental. Descubrirás una oleada de energía en tu interior porque toda la energía que pasabas albergando ese tipo de preocupaciones, ¡ahora está disponible!
Realiza una honesta comprobación en ti mismo y descubre si no estarás secretamente alimentando tus preocupaciones o si estás dispuesto a lanzarte a la transformación.
Cuando dejes de perseguir preocupaciones, serás capaz de ver cómo los demás están atrapados sin remisión en ese ciclo. Podrás observar cómo magnifican sus preocupaciones hablando interminablemente de ellas. Esas charlas sobre preocupaciones es lo que denomino ¡«preocuparse de la preocupación»! Solo desaparecerá cuando puedas observarlo. Hasta entonces, hasta que te conviertas en el observador, seguirás atrapado en las emociones, dándoles mucho poder y control sobre ti. No te estoy pidiendo que huyas de las preocupaciones. Lo que te digo es que no las magnifiques al hablar de ellas. No malgastes en ellas tu energía. En lugar de eso, enfócalas hacia lo que es necesario hacer y dejarán de preocuparte. Abórdalas sin pérdida de tiempo, eso es todo.
Investígate para saber si estás empezando a sentirte cómodo con tus preocupaciones. Esa es la escala para comprobar si las preocupaciones te controlan o si tú las controlas a ellas. Si te sientes cómodo hablando de las mismas repetidamente, sin hacer nada al respecto, entonces es que las preocupaciones te controlan. No te regodees en ellas y enfócalas correctamente, ¡y entonces serás tú el que las controles!