(Duración total: 30 minutos. A practicar con el estómago vacío).
La meditación Mahamantra es una antigua técnica budista tibetana para ayudarte a sentir la fuente de energía en tu interior. Creará un buen fluido de energía en ti. Te llenará de energía hasta el borde, de manera que dejes de buscar la atención de los demás, en su lugar empieces a ofrecer energía y amor a los demás como resultado de una desbordante energía en ti. Esta técnica despertará el chakra anahata, situado en el centro del corazón.
También proporcionará firmeza y estabilidad a tu mente. Tu mente oscila mucho debido a los pensamientos. Esta meditación serena tu mente al hacerla entrar en la zona inmental. Es como un trampolín al infinito.
Mientras practicas esta meditación puedes llevar el mala (rosario) en el cuello. Servirá para almacenar la energía que crees durante la meditación.
Esta meditación debería practicarse con el estómago vacío, preferentemente por la mañana temprano o dos horas después de cualquier comida. Puede practicarse a solas o en grupo. Cuando se practica en grupo energetiza el lugar donde se realiza.
Permite que te explique la técnica.
Siéntate cruzando las piernas y adoptando una postura cómoda en el suelo. Mantén la cabeza, el cuello y la columna vertebral en línea, derechos. Quienes no puedan sentarse en el suelo pueden hacerlo en una silla. Siéntete relajado y cierra los ojos. Incluso tras cerrar los ojos vemos formarse imágenes por detrás de los párpados. Para controlarlo, imagina que tus globos oculares se han vuelto de piedra. Endurécelos con presión mental y las imágenes se desvanecerán. El movimiento de los ojos está muy relacionado con el movimiento de los pensamientos en la mente. Por eso se te pide que detengas el movimiento de los globos oculares. No te preocupes mucho de su interrupción. Continúa con la meditación.
Mantén los labios juntos y produce el sonido «mmmm...» desde el interior. Si tuvieras que meter el rostro en el interior de un contenedor vacío de aluminio y hacer un sonido parecido a un zumbido, el sonido generado sería algo así. Fíjate que no es «Hum...», ni «Om...». Simplemente mantén los labios juntos y produce el sonido «mmmm...». Este zumbido debe ser todo lo prolongado posible antes de iniciar la siguiente inspiración. Deberá ser todo lo hondo y profundo posible, desde el centro del ombligo, y tan audible como sea posible.
No te esfuerces en respirar hondo tras cada «mmmm»; el propio cuerpo inspirará cuando lo necesite. No te pongas tenso. Concentra todo tu ser y energía en crear esta vibración. Conviértete en el zumbido. Deja que el cuerpo se llene de la vibración del zumbido. Luego, pasado un tiempo, sentirás que el zumbido continúa sin que te esfuerces en crearlo ya que ¡te has convertido en un oyente!
Detén el zumbido al cabo de veinte minutos. Si estás con el CD, escucharás: «¡Stop!». Detente tal como estés, de repente. No esperes a finalizar una respiración, detente de repente. Tras detener el zumbido, mantén los ojos cerrados, permanece silente e inactivo durante 10 minutos con una sonrisa en el rostro y sintiéndote dichoso. Si llega algún pensamiento, permite que lo haga. Limítate a observar tu mente como si mirases la televisión. No te resistas a los pensamientos ni los juzgues. Permanece en silencio y dichoso. Durante ese tiempo, la energía creada por los 42 minutos de zumbido penetrará por todos los rincones de tu ser y los limpiará en profundidad.
Al cabo de 10 minutos, con mucha lentitud, puedes abrir los ojos. Intenta hablar poco durante la siguiente media hora por lo menos.
Gracias.
Capítulo 3
Vivir sin preocupaciones